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La
creciente conciencia de los problemas ambientales ha modificado
la percepción que grandes grupos sociales tienen respecto
a su relación con la naturaleza, así como a los modos
de ser, tener y hacer de las distintas respuestas culturales (económicas,
políticas, sociales, valorativas y expresivas) que los seres
humanos se han dado a través de la historia y a lo largo
y a lo ancho del planeta.
Esta reciente
conciencia ha desencadenado nuevas aproximaciones críticas,
valorativas y propositivas, extendiendo la reflexión sobre
ese "medio ambiente" compuesto de recursos naturales y
construcciones artificiales que conformana las sociedades contemporaneas.
Pero esa reflexión nos encuentra con una compartimentación
del conocimiento y de los mecanismos administrativos poco propicias
al entendimiento y a la solución de la problemática
ambiental y social que invade más y más la conciencia
de todos los sectores sociales y en todas las latitudes. De allí
las distintas respuestas, muchas de ellas motivadas por los distintos
intereses y roles, de los diferentes actores sociales y de los distintos
emprendimientos desde los que se analiza esta situación.
Aunque hay coincidencias en considerar la gravedad de la situación,
no las hay a la hora de instrumentar soluciones.
El cooperativismo,
como movimiento social que surgió como respuesta a las formas
económicas y sociales que están al origen de los problemas
que hoy resultan inocultables, no podía ni puede estar ausente
en esta imperiosa necesidad de ahondar sobre las amenazas que enfrentamos
como especie y en la elaboración de alternativas a las mismas.
Como movimiento, este nuevo desafio que vive la humanidad como un
todo y en sus distintas expresiones locales, regionales y socioculturales,
significa una oportunidad para reconocerse y lograr el reconocimiento
de su calidad como posible sujeto social, tanto en lo económico
como en lo político. La crisis ambiental pone de manifiesto
otro contenido de su conciencia posible, ya no como conciencia amenazada
sino como autovalorando su propia identidad y su posible protagonismo
en la búsqueda de soluciones y en la elaboración e
implementación de propuestas. Aunque todavía débil
este otro contenido converge en esa toma de conciencia que actualmente
vivimos, pero dándole un tono positivo y esperanzador. El
cooperativismo tiene una ventaja relativa, y de allí un acrecentamiento
de su rol en la sociedad toda alertada hoy por los problemas básicos
a que se ve enfrentada por los modos de producir, consumir y decidir
que han desembocado en enormes problemas naturales y sociales.
El cooperativismo
cuenta para ello con una extensa elaboración teórica,
conceptual e ideológica, basada en valores de solidaridad
y participación; con la riqueza de su diversidad de modalidades
y con una larga historia de experiencias organizativas, que van
desde lo local a las redes regionales e internacionales que actualmente
lo sustentan.
"Hoy nos encontramos con que no sólo hace falta contar
con un marco conceptual adecuado y generalmente asumido por los
especialistas, sino que hay que dotar ese marco de desarrollos que
hagan operativa su aplicación a los problemas concretos que
plantea la gestión de nuestro entorno físico".
Entorno que en definitiva es la base en que sustentamos proyectos
de vida tanto a nivel individual como colectivo, y que no puede
ser abordado, cuidado o construído desde visiones sectoriales,
como se evidencia cuando analizamos problemas como el efecto invernadero,
la contaminación de alimentos o de las aguas subterraneas,
las lluvias ácidas, la contaminación de las playas,
o los recursos no renovables y su uso actual nuestra de cara a nuestra
responsabilidad frente a las generaciones venideras.
De ahí la importancia de desarrollar, en el seno del movimiento
cooperativista, una conciencia multifacética, que aune la
crítica de la situación actual, la perspectiva de
nuevas alternativas y las posibles acciones para superar las dificultades
y construir esas alternativas.
El
movimiento cooperativista puede cumplir con un rol fundamental si
se dispone a superar una imagen empobrecida y fracturada de lo ecológico,
corrigiéndola con una visión global, intersectorial
e interdisciplinaria. Para ello es fundamental un crecimiento y
una expansión de esa conciencia multifacética de manera
de hacer más inteligible de lo que realmente es esta problemática
que se engloba en la vaguedad del medio ambiente y que por momentos
deriva a una mera moda más.
Es necesario
cubrir la brecha actual entre la sobredimensión de los problemas
y la infravaloración de la capacidad que el ciudadano común
tiene de su propia acción sobre condicionantes y proposiciones.
Y para ello es imprescindible equiparse a nivel de las ideas, tanto
para comprender la realidad actual como para imaginar y crear soluciones;
articular formas organizativas solidarias y complementarias que
permitan instrumentar las soluciones; y también impulsar
la experimentación y la puesta en práctica de nuevas
técnicas más apropiadas para la solución de
los problemas del mundo natural y social que conforman este medio
ambiente en el que los seres humanos, asociados en diferentes niveles
de relación, intentamos desplegar nuestra vida.
Por todo esto
tenemos la urgencia de disponer todo lo necesario para gestionar,
en formas participativas y cooperativas, con criterios económicos
y sociales no reducionistas (ni meramente económicos, ni
sesgadamente técnicos), cada uno de los recursos y las tecnologías
disponibles, que van desde los minerales, el agua, el suelo, la
diversidad biológica y los recursos pesqueros, hasta los
sistemas agrarios y urbano-industriales que los utilizan. Y bajar
de la problemática general a las aplicaciones concretas o
también desde los niveles amplios de agregación y
razonamiento hasta aquellos de proyecto, de intervención
y de decisión.
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