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La sucesión
ecológica es un fenómeno bien conocido conforme al
cual las comunidades biológicas se autoorganizan en el tiempo
hacia grados crecientes de mayor complejidad e independencia de
las condiciones "externas" al ecosistema. Tal es el caso
del bosque o del arrecife de coral (o de la pradera) que crea sus
propias condiciones adecuadas para su subsistencia, anticipándose
y evadiéndose de los ritmos y cambios inclementes. En el
interín de este proceso varían una serie de atributos
del propio ecosistema y no de los organismos que lo integran: aumenta
la biomasa, la diversidad -número de especies y por ende
de posibilidades de establecer relaciones entre ellas- y la estabilidad;
disminuye la tasa de renovación o cocinete entre la producción
y la biomasa, como si el ecosistema reinvirtiera en sí mismo
la mayor parte de su crecimiento, de forma que los ecosistemas más
organizados son los menos explotables entrínsecamente o en
los que es más difícil apropiarse de excedentes energéticos
sin transformarlos, simplificándolos y desorganizándolos;
aumentan los mecanismos de regulación interna, la homeostasis
del conjunto, la independencia de las condiciones y variaciones
externas, anticipándose a esos cambios. El ejemplo clásico
es la evolución de la vegetación en una zona desnuda:
primero aparecen vegetales inferiores que colonizan la roca madre
y van creando un suelo, a continuación surgen especies herbáceas
de tipo oportunista o colonizador, luego matorrales y, finalmente,
en teoría se instalaría un bosque complejo con árboles
y el resto de los estratos integrados en diversos niveles.
La explotación
debe obligatoriamente invertir ese proceso, desorganizando el sistema
-el ecosistema- y rejuveneciéndolo, haciéndolo retroceder
hacia etapas sucesionalmente anteriores, haciendo aumentar su tasa
de renovación, lo que provoca su accesibilidad a la explotación,
disminuyendo su biomasa, pero aumentando sus excedentes apropiables
-explotables-, y disminuyendo asimismo la diversidad y la estabilidad.
La explotación
puede considerarse de un organismo o población de organismos
sobre otro (caso del predador sobre su presa o de un herbívoro
sobre la comunidad vegetal de que se alimenta, o del hombre sobre
el resto de organismos explotables) o de un ecosistema sobre otro.
De hecho, la acción del hombre sobre la biosfera puede entenderse
como un fenómeno masivo de explotación, de forma que
los problemas de conservación de la naturaleza no pueden
entenderse fuera de este contexto.
...Cuando decimos
que la naturaleza final de los problemas "ecológicos"
o ambientales es política, e igualmente políticas
son sus soluciones, nos referimos no sólo a la insolvencia
de los dirigentes actuales, sino a la ausencia de una verdadera
"cultura", en el sentido antropológico, de estas
nociones. La percepción de esta problemática depende
de las sociedades en las que se enmarca. Así, lo que en los
países rico se percibe como problemas acuciantes pero en
vías de solución, por ejemplo, las diversas contaminaciones,
en los pobres se contempla como un problema creciente impuesto por
los primeros, cuando no directamente exportado (comercio de desechos
tóxicos) y lo que a menudo se presenta como un lujo, como
la política de conservación de la naturaleza, en otros
casos es una necesidad.
Fernando Parra.
La ecología
como antecedente de una ciencia aplicada de los recursos.
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