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CULTURAS
LIBERTARIAS:
CLONADOS O MUTANTES
En
todos los dominios de la vida, tanto en la parte "desarrollada, como
en la "no desarrollada" del mundo, los seres humanos están
en vías de liquidar las antiguas significaciones y tal vez de crear
otras nuevas. Nuestro papel consiste en demoler las ilusiones ideológicas
que dificultan esta creación.
C. Castoriadis
Una cultura libertaria, confluencia de libertad y solidaridad convertidas
en un entramado de "mundos de la vida", es un proceso inacabable
de creaciones finalmente colectivas, a punto de partida de iniciativas
unipersonales o de grupos pequeños. En ese sentido podríamos
decir que esa creación es resultado de un hacer añejo, presente
en la historia desde siempre, y a la vez inédita. Conjugar en tiempo
libertario el hacer de los seres humanos -como en todo lenguaje- tiene
que ser un acontecimiento que en un mismo acto recoge tradiciones y expresa
lo novedoso.
En la historia de la humanidad ese querer asoma como realización
potencial, en lucha con otras posibilidades que se abren igualmente al
hacer de esta especie inexplicable que somos los humanos. Pero su emergencia
es imposible de desenredar de las formas multivariadas, opuestas o contradictorias,
que también desde siempre han impregnado la vida social.
El autoritarismo y la dominación como tecnologías adecuadas
en el enfrentamiento con las innumerables amenazas que en todos los tiempos
acechan a las sociedades humanas, arraigaron tempranamente en numerosas
"invenciones" socioculturales que los grupos humanos fueron
adoptando. Ese emergente autoritario encontró un campo fértil
en la inmadurez radical característica de los seres humanos, como
especie, y aún más en la endeblez de sus intentos asociativos,
siempre tentativos.
La imponencia de las leyes naturales, ineludibles y a la vez parcialmente
comprendidas, condicionaron fuertemente las respuestas en esa segunda
naturaleza -las culturas- que imitándolas dieron lugar a la emergencia
de "leyes" impuestas por regímenes despóticos,
que recurrieron a su sacralización para asegurar su cumplimiento.
Pero es igualmente evidente la persistencia de una avidez por superar
esas limitaciones y crear soluciones basadas en otro entramado, en otro
imaginario, que procura un manejo solidario y sin dominación de
los mismos problemas existenciales que enfrentar los individuos y que
los impulsa a organizarse en sociedades.
Kropotkin,
en "El Apoyo Mutuo", destaca esa doble vertiente que configuró
y configura la corriente de la historia social. En ese libro rastrea las
respuestas que surgen cuando las instituciones vigentes, con su legitimación
autoritaria, dejan al descubierto su sentido represivo y la evidencia
de un "orden" que garantiza la dominación. Es en esos
momentos en que la historia se acelera y aparece la rebelión de
los más perjudicados o de los más esclarecidos, en la que
se conjugan la crítica a la situación dada, con el diseño
de alternativas. La capacidad instituyente se enfrenta a las estructuras
instituidas, impuestas por la violencia y por las tradiciones, y por allí
asoman la propuesta y experimentación de culturas libertarias.
La resistencia y la creación se inseminan mutuamente, y en ese
campo de tensiones aparecen tres modos de respuesta: "una parte de
los rebeldes se empeña de purificar las viejas instituciones...
(otra parte) en elaborar formas superiores de libre convivencia, basadas
una vez más en los principios de ayuda mutua. Pero al mismo tiempo,
otra parte de esos individuos que se rebelaron contra la organización...
intentaban simplemente destruir esas instituciones protectoras de apoyo
mutuo a fin de imponer, en lugar de éstas, su propia arbitrariedad,
acrecentar de este modo sus riquezas y fortificar su propio poder".
A esta descripción, que Kropotkin extrae recorriendo el pasado,
agrega que "la verdadera tragedia de la historia radica en esta triple
lucha entre las dos categorías de individuos, los que se habían
rebelado y los protectores de lo existente."
LA EMERGENCIA DEL ANARQUISMO
Todas
las ideas son erróneas, es decir, contradictorias e irracionales,
si se las toma en una acepción exclusiva y absoluta.
J.P. Proudhon
El nacimiento del anarquismo se inscribe en esa correntada que lo precede,
y tenemos que entenderlo como una elaboración teórica y
tardía de esa primitiva o natural tendencia de los hombres en la
búsqueda de libertad y de solidaridad.
Como toda construcción humana colectiva -no hay cultura posible
a partir de seres aislados, en si mismos igualmente inconcebibles- está
radicalmente condicionada por el querer de los sujetos que podrían
llevarla adelante, sujetos que a su vez están individualmente acotados
por los procesos de socialización que los acogen. De allí
las innumerables culturas creadas en espacios y tiempos diferentes, y
de allí también los permanentes cambios que incluyendo su
desaparición sufren las creaciones culturales, sea como totalidad
o en sus expresiones parciales.
Por otra parte toda nueva sociedad emerge y crece en medio de la que la
antecede, en un encadenamiento infinito. Ese proceso pendula o superpone
dos secuencias enmarañadas, que abarcan los movimientos que enfrenta
a las formas caducas en procura de la revolución que las desplacen,
con las fuerzas conservadoras que intentan renovarlas desde dentro modificando
lo necesario para que el todo se mantenga.
En el primer caso, cuando las frustraciones se acumulan hasta alcanzar
cotas insoportables, la "revolución" no es otra cosa
que una aceleración que puede estar acompañada de violencia,
o no, pero que sobre todo es una puesta en escena de valores, soluciones
técnicas y experiencias que los sujetos sociales investigan, acumulan
y proponen dentro de la historia, pero contra ella.
A diferencia de las culturas dominantes el proyecto libertario no es concebible
como resultado de ningún tipo de imposición. La autonomía
y autogestión de la vida toda exige una transformación de
la sociedad tanto en su estructura global como en cada articulación
funcional incluyendo la estructura de cada una de sus células.
Como lo señala Castoriadis una sociedad autónoma no es concebible
sin sujetos autónomos, capaces de darse sus propias normas, ajenos
a toda heterogestión, lo que exige paralelamente la emergencia
de un mundo instituido que apunte a la autogestión generalizada
y que incorpore los dispositivos para su permanente crítica y regeneración.
Cabe aquí recalcar esa dimensión del anarquismo que lo diferencia
de los dogmatismos y reduccionismos vigentes: un proyecto de sociedad
orgánica debe suponer el proceso autogestionario que vaya de la
generación de alternativas, que enfrente su degeneración
y asuma la regeneración de las instituciones creadas en el correr
de su desarrollo.
Tenemos entonces que, definiéndonos como anarquistas, nuestro lugar
paradójico se ubica en ese arco de tensiones que a manera de puente
conduce desde una orilla troquelada por las formas sociales impuestas
-que nos incluye en tanto individuos fabricados por ese sistema dominante-
y el proyecto utópico que nombramos al hablar de anarquismo -que
en realidad deberíamos denominar de anarquismos, ya que la diversidad
es parte de esa idea orientadora-.
Esa dualidad contamina entonces todo intento libertario. Los modos de
alcanzar lo deseado se cargan de sentidos opuestos, ya que inevitablemente
son producciones "mestizas" que arrastran una información
"genética", heredada y contradictoria que internaliza
aspectos que la debilitan desde dentro. Por otra parte ese mestizaje,
en general no es el resultado de una libre elección, sino que se
asemeja más a una violación. El sistema dominante inyecta
o innocula su patología al grado de distorsionar las creaciones
generadas y llevarlas a formas degeneradas, reinstalando características
no deseadas.
De aquí se desprende que toda experiencia libertaria y autogestionaria
deba incorporar desde su emergencia mecanismos "antivirus" de
manera de detectar las desviaciones antes de que lo nuevo se vea deteriorado
o desvirtuado.
ARTE, AMOR Y ANARQUIA
Hay
un factor común que nos permite usar la misma terminología
para una danza ritual, una representación de un objeto natural
y un símbolo plástico de un estado emocional.
Herbert Read
Un primer esfuerzo apunta entonces a la necesaria dilucidación
de la complejidad de lo cultural, acrecentada en tanto expresión
de la libertad y la solidaridad. Imprescindible será entonces la
aceptación de otra doble característica, ahora de los propios
portadores de lo nuevo. Una dictadura puede ser decretada, y existe ya
en el mercado una panoplia de herramientas organizativas de probada eficacia
para imponer soluciones autoritarias -represión, imposición,
dictaduras- aunque resulten finalmente de caducidad inevitable. Pero la
solidaridad y la libertad, como el arte o el amor, son ajenas a cualquier
legitimación que implique violencia o mera aceptación. No
hay ciencia -menos aún un socialismo científico-, ni tecnologías
capaces de provocar ni el amor, ni el arte, y menos aún la anarquía,
entendida como un orden sin dominación ni coacción.
Todo intento de concretar esas ideas, toda aproximación que desborde
el mero planteo teórico, reclama un grado de integración
e integridad que implique a todos los actores y a la estructura toda de
cada uno. En realidad una integración participativa sólo
es posible si a un mismo tiempo nos convertimos en autores, gestores y
actores de ese texto libertario convertido en contexto de una nueva cultura.
En un encuentro
realizado en Venecia, en 1984, en el tema "Vivir la anarquía"
señalamos que tanto la experiencia, como el conocimiento y el placer
sólo son posibles con los otros. "El sujeto de "vivir
la anarquía" no es mi yo, sino el "encuentro", el
complejo personaje que se resuelve en un nosotros que nunca es el plural
de muchos yo".
Tal como lo expresáramos en aquella oportunidad, a lo largo de
la experiencia de la Comunidad del Sur, remontando amenazas externas y
limitaciones internas, y bordeando fracasos, pudimos comprobar el acierto
de dos afirmaciones de Landauer:
Por un lado se hizo evidente que querer y poder no pueden escindirse,
y que por lo tanto "el socialismo es posible e imposible en cualquier
época, es posible cuando existen los hombres adecuados que lo quieren,
es decir que lo hacen, y es imposible cuando los hombres no lo quieren,
o sólo pretender quererlo, sin poder realizarlo". Por otro
lado el hacer implica saber lo que se hace, y en ese sentido: "El
Estado es una situación, una relación entre los hombres
entre sí (que asegura la dominación), y se le destruye estableciendo
otras relaciones, comportándose con los demás de otro modo".
En aquella ocasión reclamábamos una mayor interacción
dentro del movimiento libertario, que hoy reiteramos: "La mayor pobreza
radica en la escasez de confrontaciones y de críticas solidarias,
de aportes y señalamientos". Aunque hoy pensamos que habría
que agregar que evidentemente la creación de una cultura libertaria
ha entrado en el orden del día, no sólo entre los anarquistas,
y que paralelamente al proceso de globalización neoliberal estamos
viviendo un acrecentamiento de iniciativas que apuntan a la libre experimentación
y a la creación de alternativas.
La necesidad de formas libertarias de intervención social, de cara
al siglo que inauguramos, es una demanda explícita, que debemos
afrontar recuperando la memoria, rica de realizaciones aún vigentes,
abriéndonos a la vez a nuevas modalidades y atentos a las condiciones
renovadas de nuestro tiempo.
La memoria aporta las innumerables invenciones que el movimiento anarquista
realizó en procura, justamente, de un enraizamiento cultural. Los
sindicatos revolucionarios, los ateneos populares, las universidades libres,
las escuelas alternativas, las comunidades y organizaciones autogestionarias
son parte de un capital insuficientemente socializado que todavía
no hemos aprovechado, tanto para acumular conocimientos, como para impulsar
nuevas experimentaciones acrecentando su complejidad y su diámetro
abarcativo.
A la memoria tenemos que alimentarla con el reconocimiento recíproco
entre las distintas expresiones libertarias, aprovechando su rica diversidad.
"Reconocimiento que -como recalca Castoriadis- no es solamente una
simple operación mental, sino también y sobre todo afecto".
LAS TECNOLOGIAS APROPIADAS
No
sabemos lo que hacemos. No sabemos que nos inscribimos en un sistema y
nos sometemos a ciertas reglas que constriñen nuestro hacer.
Eugenio Trías
Habermas señala que dentro del capitalismo se reconocen sólo
las tecnologías instrumentales -centradas en la producción
de mercaderías/objetos-, desplazando de la atención o incluso
ocultando las tecnologías que atienden los niveles organizativos
y de comunicación -relacionadas con las personas/sujetos. De esa
manera se manipulan los aspectos más próximos a la "fabricación"
de los individuos. Es así que el mundo institucional queda fuera
del análisis, convirtiendo en "natural" las formas organizativas
-desde la pareja y la familia, al parlamento y el Estado- así como
las técnicas comunicativas, excluidas de la mirada crítica,
facilitando entonces la manipulación de los lenguajes -desde el
discurso, a las imágenes- y convirtiendo todo en espectáculo.
Esto explica que incluso el anarquismo -y los anarquistas- hayan enfocado
su atención en la crítica teórica -de resistencia-
pero abandonando la acción en los aspectos generadores de lenguajes
y formas de socialidad -de creatividad-, dejando así sobre todo
en manos del Estado, y ahora más y más en el sector privado,
todo el andamiaje que crea subjetividad.
Esa falla o dejación facilita que se condicionen los deseos y se
eleven modelos de ser, hacer y tener, que erosionan profundamente las
bases imaginarias del cambio social. La embestida libertaria de la juventud
rebelde de los años 60, con su consigna "la imaginación
al poder", reafirmada en la postulación de una nueva política
que en lugar de tener como meta "la toma del poder", luchaba
por "no dejarse tomar por el poder", luego de dos décadas
pérdidas parece retomar el escenario.
Seattle, el neozapatismo, los "sin tierra" y los nuevos movimientos
sociales abren surcos para "viejas" semillas que conservan su
fecundidad y que presentan variedades innovadoras.
Pero es necesario recordar el consejo de Landauer: tenemos que querer
como deseo y querer como voluntad, y para eso es necesario abrir espacios
de libre experimentación, de expresión y creación.
Creaciones cuya energía motriz se apoye en la frustración
y la resistencia que despierta, pero que apunten a la creación
de vectores fecundantes.
El conocimiento es fundamental pero insuficiente -la ciencia es un instrumento
pero ensoberbecido se alía fácilmente con el poder, asegurando
la persistencia de lo dado-, razón por la cual la creatividad resulta
imprescindible. De allí la importancia de desarrollar una nueva
sensibilidad, una actitud más cerca del arte, como capacidad generadora
de cambios, que asegure la emergencia de lo nuevo y que cuaje en formas
y estilos de vida radicalmente libertarios.
LA ENDEBLEZ DE LAS INICIATIVAS LIBERTARIAS
Los hombres son libres e iguales mientras luchan por conseguirlo.
Eduardo Colombo
A manera
de resumen, en procura de un diálogo que enriquezca las experiencias
vividas, queremos exponer o poner al desnudo las conclusiones a que hemos
arribado en un relativamente largo caminar. Conclusiones dolorosamente
incorporadas en nuestro personal experienciar, que René Lourau
interpretó como una "virtud" de las experiencias autogestionarias
"en tanto no se doblegan equiparándose a las formas eficientes
del sistema capitalista, aún a riesgo de quedar marginadas o amenazas
de extinción".
De manera
concisa, y remitiéndonos a un trabajo anterior(*),
esa experiencia acumulada y enriquecida con el conocimiento de otras similares,
se decanta en dos postulados:
1- Las experiencias
libertarias, autogestionarias, nacen prematuras y por lo tanto amenazadas
por su propia endeblez orgánica. Los "anarquismos prematuros"
corren riesgos muy evidentes de fracasos por la inmadurez de sus células
(personas autónomas) y de sus órganos (instituciones autonómicas).
Buber ya en su libro "Caminos de utopía" decía
que la realización de un socialismo libertario estaba amenazado
de fracasos, que él denominaba "no fracasos absolutos",
en oposición a los fracasos absolutos inherente a los socialismos
autoritarios, contradictorios en sí mismos. Y proponía:
"Tenemos que edificar una auténtica comunidad con los materiales
reacios de nuestro momento histórico, libres de romanticismos,
viviendo en el presente".
El segundo
es complementario y se acopla con el anterior, potenciándose mutuamente:
2- El medio
en el que nacen esos intentos libertarios está profundamente contaminado,
amenazando la posible emergencia de formas, conductas y valores diferentes.
La erosión provocada por el sistema estatal/capitalista impide
la germinación de modos orgánicamente ricos, enfrentados
al monocultivo de seres y productos.
La tenaza
de esos dos vectores provocan entonces un campo cargado de violencias
externas y debilidades internas, que al encontrarse e interactuar ponen
en juego y arriesgan la persistencia del esfuerzo y/o de las formas elegidas.
Asumir la responsabilidad de parir una cultura libertaria, en clara oposición
a los sistemas dominantes y en épocas de globalización y
posmodernismo, sólo es posible desde esa conciencia de las dificultades
y de la implicancia en que se hayan los individuos (células) y
las formas asociativas (órganos). Corriendo el riesgos de reiterarnos,
ya que en otras ocasiones lo hemos señalado, proponemos un hacer
solidario que nos implique como movimiento y que permita la creación
de una red por encima de fronteras y de particularismos ideológicos.
Las acciones que encaremos para la creación de una cultura libertaria
deberán atender la mayor diversidad de expresiones posible. Aprovechar
los medios disponibles, especialmente las tecnologías informáticas,
así como los nuevos movimientos que muestran una clara afinidad
con los postulados básicos del anarquismo.
Algunas puntualizaciones nos parecen oportunas, a la vez que son parte
de nuestra responsabilidad, a partir de la experiencia vivida:
-Las alternativas
libertarias deben enfrentar el peligro del aislamiento que acompaña
a la especificidad de sus realizaciones y por el silencio opresivo al
que intentan condenarlas los medios de difusión masivos, así
como al cerco igualmente silencioso que establece la resistencia al cambio
que empapa al medio social general.
- Las experiencias autogestionarias, tanto parciales como de tipo comunitario,
transitan por la tentación de reinstalar formas burocráticas
y especializadas, fragmentándose. Por otra parte sus participantes
regresan a pautas de conducta dependientes o a la influencia disgregadora
de la familia que juegan en desmedro de formas autónomas, participativas
y liberadoras.
- Es fundamental investigar mecanismos de análisis y autoanálisis
que aseguren procesos de aprendizaje que superen la cultura de la dependencia
y de la queja que contamina cualquier campo experimental. Pese a la rebelión
individual, generalmente al origen de cada iniciativa social o personal,
persisten conductas que suponen o provocan la reposición de figuras
de autoridad y del recurso a la dependencia. Evidentemente la dependencia
trae aparejado algún tipo de gratificación secundaria, que
pesa como resistencia al cambio..
-Necesitamos, además, multiplicar las formas de control participativas,
superando la tendencia al olvido de las instancias instituyentes, que
sirven de cimiento a las estructuras basadas en acuerdos libremente asumidos.
Para ello es fundamental la articulación en formas federalistas
que permitan un hacer político a escala humana, pero que a la vez
cubra un diámetro que vaya de lo local, a lo regional e internacional.
Las tareas
son muchas y de larga duración, razón por la que debemos
empezar ahora.
Lo importante es mantener la convicción y la responsabilidad por
los proyectos que elaboremos, enfrentando las dificultades del momento
de aparente estancamiento, por el que atravesamos. Luce Fabbri, a manera
de resumen de vida e ideas, lo expresaba claramente:
"El
socialismo libertario que, a diferencia de los demás proyectos
no centra su victoria en la conquista del poder, es acaso la única
utopía que no ha sido derrotada, en terreno teórico, por
los acontecimientos. En la práctica, en lo concreto del acontecer
diario, el proyecto anarquista está acostumbrado a las derrotas...
El siglo XXI no va a ser fácil. Desde estos últimos años
del milenio, los que no hemos perdido la fe en la solidaridad le lanzamos
este mensaje de socialismo en la libertad, que viene de una experiencia
muy amarga y muy larga, pero que da frutos de serenidad interior y esperanza.
La esperanza que se necesita para afrontar los desafíos que se
acercan".
Ruben G. Prieto - Comunidad del Sur
Montevideo, 14 de julio del 2001
*
"Futuros inesperados, anarquismos prematuros", ponencia presentada
en el Encuentro "¿Tiene un futuro el anarquismo?", realizado
en la Universidad de Toulouse, Le Mirail, 27-29 de octubre de 1999.
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