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LA COMUNIDAD REFLEXIVA Y LA PEDAGOGIA PROVOCADORA Hay varias formas de entender y tratar con lo/as otro/as. La forma que hemos heredado de la cultura dominante dice algo así como un sistema autoritario sin muchos disimulos. Es decir, que el que tiene la fuerza, el poder, la información, etc. pues es el que marca como han de ser las conductas de unos y otras. Esta primera forma de dominación de la relaciones se produce tanto a escala de vida cotidiana en pequeños ámbitos como en el conjunto de las sociedades. Incluso podemos ver que si uno empieza por intentar cambiar su ámbito inmediato pero no va cambiando los ámbitos más amplios, pues al final se encuentra que desde fuera se le vienen infiltrando e imponiendo una lucha muy dura para que no pueda continuar su avance hacia una transformación de fondo. Y lo mismo ocurre cuando se intenta cambiar a toda una sociedad, pero en lo pequeño y cotidiano no se cambian los estilos de vida, sino que se sigue con los hábitos mas tradicionales. En la Comunidad esto se ha debatido mucho y hay clara conciencia critica respecto a desmantelar estos planteamiento reproductores y dominadores, y domadores, de las personas. Pero lo que aquí se puede introducir es la polémica mas allá de los métodos buenos o malos en pedagogía. Es decir tratar de dividir en 4 posibilidades y no solo en 2, las oposiciones que están en juego cuando hablamos de cómo unos y otras nos relacionamos para convencernos de algo. En muchas formas o estilos que pueden pasar por progresistas se esconden también trampas, que conviene desenmascarar. Creo que la Comunidad ha contribuido en su historia muy eficazmente a denunciar muchas de estas conductas aparentemente concienciadoras, y no solo con lo dicho sino además con su propia práctica consecuente, y no solo con los niños sino también con los propios adultos. Es como casi todos reconocen su mayor logro. Hay otras formas de relacionarse en la vida cotidiana, donde el autoritarismo no pretende imponer por la fuerza o por el dinero sus principios de reproducción social, sino que lo hace con la cara amable de la caridad o de la solidaridad. En la cuestión pedagógica no se trata de imponer al niño o adulto lo que debe aprender, sino de tratar de convencerlo culturalmente de que es lo mejor para él. Cómo integrarlo a la cultura dominante, para que vaya sabiendo cómo se debe vivir. Da lo mismo que sea con una religión progresista o con una ideología política radical, la cuestión es que los mas ilustrados casi siempre saben convencer a los que se sienten menos, para que por su bien se vayan adaptando a las pautas y conductas previstas en tales o cuales modelos. En suma se trata de integrar al que esta fuera, quizás para que no sufra, o para que no caiga en males mayores, etc... Pero este modelo de estilo de integración ya presupone que quienes lo practican tienen claro cual es el comportamiento ideal. Y el problema es que en nombre de los grandes ideales, de todo tipo, se han cometido grandes atrocidades. Dar por sentado que uno tiene la verdad a la cual los demás deberían llegar, es ya un planteamiento muy problemático, pues parte de una suficiencia y un elitismo intelectual, que al ser trasladado a otro/as, se suele convertir en formas de dominación más o menos disimuladas, pero paralizantes en cualquier caso. Más humildemente deberíamos pensar que todos tenemos verdades parciales, y que es derecho de todo hijo/a o de toda persona poder discutir desde su propia media verdad o media mentira. Lógicamente cada cual va a defender lo que cree y no lo que no cree, pero es muy distinto hacerlo dando por sentado que los errores del otro/a pueden ser tan creativos como los míos, o pensando que lo mío ya esta mas que demostrado. Las actitudes
concienciadoras para la liberación o de
intelectuales esclarecidos que se arrogan ser mal comprendidos por las
masas alienadas, a veces son muy perniciosos tanto para la gente que puede
dejarse encandilar durante un tiempo, como para los propios vanguardistas,
pues acaban cayendo en la propia trampa de sentirse unos incomprendidos
en medio de unas gentes brutas que no les entienden. Por lo que he podido
ver estas actitudes solo ocasionalmente han aparecido o dominado en la
Comunidad, y sobre todo en lo que se refiere a los niños no han
tenido muchos efectos negativos. En general parece que el respecto a las
propias formas de conducta y de expresión de los más pequeños
es uno de los grandes avances conseguidos. El propio hecho de la asistencia
a colegios públicos con maestros de otras tendencias, les ha hecho
ver diferentes enfoques, y sus contrastes. Todos tenemos
una serie de vínculos previos con los que hemos nacido, y lo largo
de la vida vamos estableciendo nuevas relaciones en lo cotidiano. Son
esos vínculos lo que constituyen nuestros estilos ético-políticos.
El problema entonces no es que cada cual o cada grupo sea bueno o malo,
aburrido o creativo, sino que entra en unas formas de vincularse que le
predisponen a reproducir las jerarquías existentes o a cuestionarlas.
En este sentido una forma pedagógica de ser creativos no es tanto
dar con una de las respuestas posibles de entre las que tienen los que
saben, sino construir una nueva aún cuando pueda ser menos
verdadera que otras. Porque lo que importa entonces es más
que la verdad en sí, el tipo de vínculos a que todos nos
vamos acostumbrando, más democráticos entre pequeños
y grandes, entre ilustrados y no ilustrados. Esos esquemas de la relaciones
entre unos y otro/as, más horizontales, más creativos, son
los que vamos a incorporar en nuestros cerebros, y tener la posibilidad
de activarlos a lo largo de nuestras vidas.
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