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LO REVERSIVO COMO FORMA DE ABRIR LOS PROCESOS En los movimientos políticos alternativos hay una cierta tendencia a trazar la línea divisoria entre lo que es lo nuestro y todo lo demás. Por ejemplo entre lo que es lo revolucionario y lo reformista. Por supuesto ambos planteamientos critican con cierta dureza al sistema dominante, y se proclaman contrarios a lo existente, aunque difieran en las formas de enfrentar tal sistema hegemónico de poderes económicos y políticos. Pero a veces estas disputas vuelven paralizantes a las acciones transformadoras, y no pocas veces porque se gasta más tiempo en disputas internas sobre quién tiene la línea correcta, que sobre cómo contrarrestar los ataques del sistema denunciado. A veces la lucha contra el más cercano, procurando justificaciones ideológicas, es más dura que incluso contra los enemigos comunes que ambos definen como tales. En los poderes conservadores hay también diferencias internas y disputas duras de poder, pero a la hora de mantener sus privilegios suelen ser más pragmáticos que ideológicos, y se unen para que ni reformistas ni revolucionarios puedan avanzar. Algunos movimientos sociales se suman a definiciones ideológicas más o menos radicales, pero esto tampoco es garantía de que luego lo sean en la práctica. Otros muchos movimientos han optado por no tener definiciones programáticas tan precisas y regirse más por lo que en cada momento vaya dictando su asamblea, o el sistema de toma de decisiones que se hayan dotado. Esto tampoco da garantías de que se vaya a tomar siempre las mejores decisiones para la transformación social, sino que posibilita conductas muy dispares según las circunstancias y según los grupos motores de cada proceso. Es decir, que puede haber mucho de oportunismos y de conciliaciones nada radicales, pero también que pueden aparecer formas innovadoras de sorprender al poder por donde menos se lo espera. En cada momento y en cada situación hay que ver cual es la postura que se toma, y este es el ejercicio en que siempre se esta jugando el sentido de todo el proceso. Por eso hay movilizaciones y hasta movimientos que duran poco tiempo, o que diciendo unos objetivos generales muy progresistas luego hacen cualquier cosa para pactar con el poder y no cambiar casi nada. La tentación revolucionaria o subversiva, según el debate que mantuvimos con Jesús Ibáñez, por ejemplo, es tratar de precisar mejor el punto de lo que es permanentemente subversivo o revolucionario, y tratar de no salir de ahí. Pero esto en la practica suele llevar al aislamiento del grupo, a justificaciones más o menos narcisistas sobre lo muy incomprendido de la tarea, y a una suerte de pesimismo vital, cuando no sectarismo hacia los otros. El mantener unos principios básicos todo lo radicales que se quieran no tendría que ser incompatible con entender y practicar la reflexividad creativaî con lo/as otro/as personas y grupos. Es una cuestión de estilos no de principios declarados en lo ideológico. Todos conocemos personas o grupos más o menos subversivos o reformistas y dentro de cada uno de ellos podemos dividirlos a su vez por tener estilos y formas de conductas más verticalistas o más horizontales, más vanguardistas o más participativos, más jacobinos o más dialogantes. Por eso
en muchos movimientos se plantea más el estilo reversivo que el
reformista o el revolucionario. Y al referir el estilo hay que insistir
que es una práctica de hacer las cosas más que una declaración
de principios como en los casos reformista-subversivo. Estos movimientos
tratan de partir de cada situación concreta y explotan los problemas
que tiene el poder correspondiente para desbordarlo según cada
caso. La coherencia del movimiento no está tanto en ser fieles
a sus propios principios, más o menos genéricos, y siempre
interpretables, sino en mostrar la incoherencia y las hipocresías
de los poderes hegemónicos a los que se enfrentan. En este sentido
son mucho más pragmáticos que ideológicos, pues para
concretar la coherencia interna del grupo o del movimiento, se basan en
desestructurar en lo posible los sistemas de dominación que les
afectan en un circulo amplio. La identidad del grupo se esta instituyendo
y verificando vez por vez, al tiempo que tiene que colaborar con los otros
grupos más afines, para poder enfrentar al enemigo mayor. Por ejemplo, Dolores Juliano hablando de los movimientos de mujeres, no solo de las feministas sino de las resistencias de mujeres no ideologizadas al patriarcado, habla de los juegos de astucias que siempre han practicado las que saben. O en el caso de los movimientos étnicos frente a un poder militar, económico y político imperial, el hacerse los tontos o los inservibles para el trabajo, antes que desaparecer por esclavitud o por genocidio, entrar en sincretismos, etc. Es decir hacer estrategias de sobrevivencia en donde a la larga se pueda revertir o desbordar la opresión, aunque de momento no se pueda hacerlo frontalmente. Matos Mar habla de esto en su libro el desborde popular. Los ejemplos de la comunidad nos dan ocasión a veces de hablar de semillas reversivas y a veces de huracanes subversivos, e incluso de algún momento reformista también. Lo importante es saber ir construyendo estrategias que en cada momento puedan dar respuestas creativas que hagan avanzar la situación, desde el punto de vista de quienes se implican en construirlas. Cuando el enemigo es claro a veces es más fácil poder enfrentar sus contradicciones, y tomar las decisiones oportunas. Cuando en esta situación de mundialización y globalismo los enemigos no se presentan tan cercanos ni tan claros es más difícil identificar como construir alternativas. Por un lado hay unos movimientos marco que en Seattle, Praga, etc. y en cada país, tratan de unificar redes con unos principios mínimos anti-globalismo. Y por otro lado dentro de estas redes hay grupos motores que se mueven por motivaciones más profundas según el sentir de cada cual en su tradición emancipatoria. Todos los
movimientos, grupos y personas de este campo alternativo anti-sistema
son necesarios para un proceso que no sabemos a donde nos lleva, pero
que al menos tiene claro a donde no quiere ir. Lo que hay que saber es
cómo manejarse con los diferentes elementos que lo componen, tanto
para que uno no se quede aislado, dando gritos en la montaña sobre
lo bueno que es uno y lo malo que son los demás, como para que
uno no se quede indiferenciado en una masa amorfa y poco creativa, donde
no hubiese motores con personalidad y posturas propias, que
sepan tirar de esas situaciones hacia posturas más revolucionarias.
La conjunción de lo reversivo-semilla, con lo revolucionario-huracán
hay que saber dosificar para que puedan irse respetando los tiempos y
ritmos de cada cual, de cada grupo y de cada movimiento popular. Los procesos así no quedan encerrados en repeticiones de verdades absolutas o en líderes insustituibles, sino que van siendo desbordadas por su relación con las practicas cotidianas. Los procesos se abren para no caer en la endogamia, para abrirse a las exogamias, a las integraciones con otros nuevos contenidos y continentes. Lo que se puede mantener son los principios básicos y los estilos creativos de hacer las cosas, pero cada cierto tiempo hay que verificar que se esta iniciando un nuevo proceso, como se está aplicando a lo concreto cada principio básico o general, y quú renovación de las personas y los grupos se está produciendo. Lo problemático no es que haya líderes o grupos motores, sino que siempre sean los mismos y que no haya renovación de unos y de otros. Los procesos sociales más generales avanzan y retroceden según las diversas circunstancias por las que pasan, pero también por la capacidad de reciclaje de los grupos motores que los potencian. El tamaño de estas experiencias nos indica que por encima de 30 o 40 miembros se empiezan a dar otro tipo de relaciones necesarias, con otro tipo de registros sobre quienes son grupos motores y quienes están en movimientos marco. Es decir que tal vez haya que hacerse la pregunta sobre cómo articular unos motores con otros, y cómo pueden crecer en red diversas formas no necesariamente al mismo ritmo. Son temas de cierta complejidad que no están resueltos en la experiencia de la Comunidad, aunque si hay algunos referentes más positivos y otros más negativos sobre la situación en que se saldó cada circunstancia crítica. Aquí cabe pensar en otras comunidades o experiencias ínter-comunitarias, que han experimentado diversas soluciones, y aunque no se llegue a precisar cual es la más idónea, por lo menos tener un abanico de soluciones posibles para poder discutirlas.
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