FUTUROS IMPREVISIBLES Y ANARQUISMOS INMADUROS

PRESENTES CON PASADOS

Hoy y aqui nos encontramos con la mirada puesta en el futuro, a partir de las perspectivas que se abren al cerrar un siglo que nacio optimista. Hablamos desde experiencias que coinciden en el tiempo, aunque viniendo de espacios geográficos y culturales diversos. Los problemas del Anarquismo, o de los anarquismos, no tienen patria, aunque es evidente que su emergencia está firmemente encuadrada en coordenadas de lugar y biográficas.

En esta coyuntura es ineludible, antes que nada, fijar las coordenadas desde las que cada uno habla.
En nuestro caso la búsqueda se orientó hacia la creación en la diversidad o multiversidad de formas posibles de un convivir libertario que sólo puede ser viable como "comunidad de comunidades".
Sucesivos exilios nos llevaron a transitar y traspasar fronteras. Exilios de primer grado al emigrar desde la pequeña familia a una compleja organización comunitaria que pivoteo sobre tres pilares:
1 - la no-propiedad o propiedad colectiva autogestionada por sus instituciones politicas asamblearias.
2- la paternidad/maternidad compartida que intentaba eliminar la "sagrada familia" como matriz para los procesos identificatorios y como sede de las relaciones afectivas y sexuales.
3- el compromiso o implicacia social que establecia la totalidad del campo de la sociedad como el ámbito para un proyecto de proyectos de autonomías.
La activa participación en los movimientos sociales más radicales: el estudiantil (Federación de Estudiantes Universiarios, desde los años 50), el cooperativista (Federación de Coperativas de Producción (1966) y Federación de Cooperativas de Vivinda por Ayuda Mutua (fines de los 60), la participación en la creación de la Federación Anarquista coincidiendo con la instalación de la Comunidad, la acción barrial (Comité Popular del Barrio Sur, años 60) y la creación del movimiento intercomunitario (grupos de Argentina, Bolivia y Uruguay en 1967) establecio un diámetro lleno de nutrientes y un campo de resonancia igualmente rico.

Paradójicamente ese camino, aparentemente ascendente, condujo a un largo exilio de segundo grado, geográfico y cultural determinado por la dura represión a cargo de la dictadura militar desencadenada en Uruguay, al igual que en el resto de América Latina (1975-1985), que sin embargo permitió un complejísimo devenir que exigió un permanente revisar ideas, cambiar de objetivos aunque no de metas, aprender lenguajes y adoptar y adaptarse a modos nuevos, a tecnologías y hasta sentimientos inesperados.

Con todo ese bagaje, estoy convencido que los problemas referidos al anarquismo, como posición ética y propuesta de otro "orden" social, no tienen centro externo ni en los que enfocar la crítica, ni en el que apoyarse para la creación del mundo nuevo que postulamos. El relativismo radical que define al anarquismo, incluye la fijación de los puntos en los que centrar el análisis de lo dado y de las creeaciones posibles. Retomando una frase de Landauer que de alguna manera presidiera nuestros primero pasos al intentar hacer camino, seguimos pensando que "el socialismo es posible e imposible en cualquier época; es posible cuando existen los hombres adecuados que lo quieren, es decir, que lo hacen; y es imposible cuando los hombres no lo quieren, o sólo pretenden quererlo, sin poder realizarlo."(1)

De alli el deseo y la necesidad de confrontarse con otros compañeros, que desde la misma convicción y aflicción -por un querer que se quiere y que a la vez no garantido- se interroguen sobre el "futuro del anarquismo", pensando que en realidad la pregunta apunta al futuro a secas de la especie humana, que nos incluye como personas y movimiento. Futuro que desde una perspectiva libertaria no cabe en "modelos únicos", sino en utopías renovables con sus crisis ineludibles, que sólo emergerán si somos capaces de soñar al copensar, de poner a prueba al cooperar y correguir al comprobar y condolernos por los errores que la autogestión y la autonomía llevan consigo.

Cabría agregar una última pregunta ambigua e irónica, si la planteamos desde el anarquismo, pero pertinente en este tiempo de transiciones radicales: si Dios ha muerto, ¿quién nos gobernará?(2)
La deriva en que nos encontramos se explica por esa falta de respuesta que el anarquismo asume por principio (ni Dios ni amo) pero que no tiene como convertir en principio de la acción social si no avanza en la realización de su proyecto.

Desembocamos así, sin Esfinges, en un nuevo enigma: ¿dónde radica el poder que pueda reunir a los seres humanos, una vez puesto al descubierto que el poder sacralizado no era más que la imposición de un orden perverso, en beneficio de minorías cada vez más estrechas?. Estrechas tanto en número y como en intereses, y sobre todo cada vez más inhumanas y corruptas. Los noticiarios de cada día son una ilustración del espectáculo del striptease de esos poderes que nos gobiernan. El circo se ha enriquecido al quedar expuesta la trastienda. "El rey está desnudo", y además ya nadie respeta esa idea sagrada del poder de la representación, ni en los pretendidos mecanismos democráticos. El derecho a elegir se ha trasladado a la obligación de votar, bajo amenaza de sanciones.(4).

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