FUTUROS IMPREVISIBLES Y ANARQUISMOS INMADUROS

AL ENCUENTRO DE LA EXPERIENCIA

Evitar el mero relato anedóctico, una experiencia localizada en tiempos y espacios particularistas, que quede ajena a los desafios que en tanto crítica de lo dado y en tanto proyecto de cambio alternativa radical a partir del momento crítico.

Desde el movimiento anarquista vivimos más una resistencia que un apoyo o aporte crítico. El rol jugado por los grupos o personas allegadas, incluyendo a compañeros de ideas, se redujo a juicios superciales y hasta banales, manteniendo vínculos que no generaron instancias analíticas, nuevos interrogantes teóricos y nuevos conceptos explicativos a partir de la experiencia vivida. Pero lo mas importante es que entendido como un "caso" aquello que escapa del proceso analítico, en su devenir espontaneo puede hacer fracasar, en la medida en que repone aspectos contaminantes, el proyecto mismo.

El anarquismo, en su concresión como movimiento o como movimientos, al parecer quedó fascinado por los valores que invoca y los conceptos construidos tanto para la crítica como las prácticas creadas para la resistencia. La pertinencia del interrogante (¿Tiene un futuro el Anarquismo?) emerge de esa enajenación que lo colocó fuera de la historia, pero sin una presencia real contra la historia. Incluso creemos que ciertos emergentes violentistas, evidentemente justificables frente a la violencia del sistema, colaboraron en esa deriva hacia la marginación. Nos hemos reducido a la capacidad de deseo y palabra, y a la impotencia de la acción "directa". Y si es verdad que no hay camino, sino que hay que hacerlo al andar, no se avanza puliendo brújulas que apuntan siempre, con muy relativa precisión, a un Norte preestablecido. Para complicar aun mas las cosas los movientos populares en los que encontraría los nutrientes para su desarrollo se han contaminado con máscaras y travestismos que actuan como disolventes del hacer revolucionario. La izquierda del centro, el nuevo fantasma que hoy recorre el mundo, no es otra cosa que el sintoma de un derrumbe que tiene mas repercusiones que la caida del Muro de Berlin, que bien pudo ser la brecha para liberar la historia de los cuentos de quienes se habian apropiado para intentar dirigirla en beneficio de burocracias y tecnocracias.

Ha habido una implosión de la izquierda autoritaria y una explosión de las esperanzas libertarias.
Al interior del movimiento libertario lo que se acrecentó fue una proyección culpabilizadora de la deriva de las sociedades contemporanea, magnificando el rol de los actores malditos (los aparatos de los Estados y los Partidos Comunistas de todo el mundo, a los que se sumó tardíamente las instituciones coorporativas transnacionales). En una dicotomía evidente se explica el proyecto revolucionario a partir de un protagonismo desde las bases de la sociedad, y se explica la dominación desde los aparatos de las cúpulas de poder. Un evidente filisteismo que desgarra la realidad para desde un reducionismo evidente definir el presente y volatilizar los futuros. Indirectamente el planteo de la omnipotencia de las estructuras autoritarias alimenta la impotencia de las bases, postergando el planteo liberador para un tiempo "fuera de los tiempos".
Los sintomas emergen desde la nueva cultura, tanto a nivel individual como social.
Inesperadamente la caida del Muro de Berlin parece haberse derrumbado sobre los restos de un movimiento anarquista igualmente aferrado a consignas y prácticas despojadas de viabilidad, en este caso no por sus contradicciones y perversiones, sino por su fijación a respuestas que resultan inadecuadas en la coyuntura contemporanea.

El acento instrumental, sobrevalorando una concepción estructuralista y hasta economicista, condujo al callejón sin salida actual.

En ocasión del Encuentro sobre Educación Libertaria, realizado en Valencia en 1985?, Gabriel Cohn Bendit nos interrumpió con energía durante la exposición sobre los contenidos de la experiencia de la Comunidad de Sur, para preguntarnos sobre como habíamos enfrentado y enfrentabamos los proceso de vaciamiento y los momentos explosivos que emergen en todo hacer autogestionario, pues a partir de su experienca esos eran los momentos de prueba y de mayor exigencia y creatividad para los individuaos y para los grupos.
Por su parte Renée Lourau en oportunidad de su visita a Montevideo, luego de oir durante dos hora nuestra cantinela crítica nos replicó diciendo mas o menos: Bueno, si fuera cierto que Uds. son un puñado de pequeños burgueses, incapaces de autogestionar la vida social, y de mantener un cuidado persistente de los valores comunitarios, ¿cómo explicar que hace ya 40 años que mantienen el intento, que han acumulado una larga experiencia junto con una base material que incluye la chacra, la imprenta, la editorial y una elaboración teórica sólida? Agregó que las crisis son inherentes a la vida misma, y que la capacidad autogestionaria se media no en los momentos de éxitos, que siempre son escasos e insuficientes, sino en los períodos críticos. La autogestión incluye desde el proyecto, su invención, puesta en acto, la evaluación de los logros y de los errores y fundamentalmente la elección y corrección del quehacer en las crisis.
Nuestra experiencia por otro lado nos señala que las crisis son multipes en su genealogía y en sus maneras expresivas. Algunas se originan en la sociedad global, tanto en los momentos críticos como en los momentos de logro del sistema dominante. Este tipo de crisis inciden en las motivaciones en las conductas individuales determinando el monto de energía disponible para a emergencia o el sostenimiento de alternativas radicales. Los momentos calientes de la sociedad global pesan de manera determinante tanto en el número de sediciosos o disidentes.

Pero en esos momentos o periódos es fundamental el trabajo previo que hayan llevado a cabo aquellos portadores, indivual y colectivamente, de ideas y experiencias alternativas. Meadows - Sociología de la revolución.

Otra vertiente de las crisis surgen de las carencias determinadas por las características de personalidad, anidadas en los procesos de socialización y los procesos identificatorios que hacen a la predominancia de conductas pertinentes a una cultura de la dependencia y de la reivindicación que en aunque desde la negación exaltan las figuras y las estructuras autoritarias.

Finalmente otro tipo de crisis se hace inmanejable cuando las formas instituidas derivan hacia formas institucionalizadas, vacias de contenido y sentido, quitandole fuerza a la teatralización de una vida colectiva que se ecenifica sin vitalidad y de manera deserotizada.

Cada uno de esos niveles: el que se origina en el sistema externo; el que afinca en las estructuras de peronalidad heredadas; y el que se produce por el descaecimiento de las normas e instituciones autogestadas; tienen una etiología, un pronostico y diagnóstico diferenciados. Cada uno de ellos requieren dispositivos y procedimientos que no contradigan los valores desde los que se intenta un modo de vivir, de ser y hacer, y que por otro lado se presentan siempre de alguna manera asociados.

Pendulando entre abismos: el poder, la ley y el sexo

Anarquía y anomia son términos antinómicos. (Eduardo Colombo)

La relatividad fundamental en la vida de nuestra especie es la que existe entre lo masculino y lo femenino. También aquí se da esa absolutización típica de uno de los elementos de un par de términos relativos. Medimos la productividad y la naturaleza, la intensidad y las formas de configurarse de la esencia masculina y de la femenina, según normas determinadas de esos valores; pero esaas normas no son neutrales y ajenas al antagonismo de los sexos, sino que son en sí mismas manifestación de la masculinidad. (George Simmel)

El propósito exige la apropiación colectiva del principio instituyente inmanente a lo social. "Sólo juntos sabemos todo" y "sólo juntos podemos".

El poder entendido como dominación se basa junstamente en la separatidad, en el quiebre de toda solidaridad posible, aunque manteniendo la "unidad" a través de la sacralización del deber de obediencia, garantizada por ese origen radical externo y anterior en que se basa la institución de la sociedad. Los mandamientos entregados a Moises legitimaba el ejercicio del poder político separado y opuesto al espacio social.

Pero "la sociedad moderna etá en crisis no porque alejó la religión sino porque no es capaz de generar otra forma de manifestrase unida". Y no es casual que esta frase de Castoriadis sea una clave explicativa en su libro "El avance de la insignificancia".

Tanto la representación del mundo que el sistema impone, como las representaciones que la imaginación adelanta en su busqueda radical instituyente, impulsada por el deseo, juega o se afira en la diferencia permanente de los sexos y en la diferenciación sucesiva de las generaciones. El sexo y la edad, el goce, la reproducción y la muerte, son los apoyos explícitos para un "avance de la significación", para la expresión de la creatividad inherente a la condición humana y para fundar el orden institucional.

El problema en las sociedades basadas en la dominación y sobre todo en los intentos por zafar de esas condiconantes, radica en que esas diferencias se convierten en desigualdades al insertarse en imaginarios jerárquicos, que colocan arriba a unos en desmedro de otros. Un proceso elitista que legitima las jerarquías que organizan el espacio social, instalando instituciones que condensan la normatividad e impone las normas a traves de los roles que las articulan. Las instituciones que organizan todo lo referente a las diferencias de edad y de sexo en realidad van entretejiendo el entramado del poder, facilitando desde esa explicita organización visualizable -edad y sexo tienen una lectura objetiva indudable- la invisible o innabordable organización del poder. Las instituciones por otra parte inscriben esa jerarquía en la duración asegurando su persistencia en el tiempo, y garantizando su reproducción por encima de los actores circunstanciales.

Como en una obra de teatro el autor es dominante pero está ausente, la dirección es implicita y los actores -sujetos intercambiables- realizan lo que les dicta autor y director.

Tendencia a la cohesión.

Contienen sus dobles, se desdoblan e invierten manteniendo la estructura, la misma obra pero con un radical cambio de los actores. del signo de los afectos adjudicados a cada sexo. Asi el movimiento feminista se esfuerza por demostrar que fueron las mujeres -no algunos grupos de mujeres en determinada sociedades, madres y a la vez hijas de una creación cultural- las primeras en desarrollar la agricultura, las primeras en practicar cuidados medicos, las primeras en aprender a encender y cuidar el fuego, las elegidas para basar un mundo sin opresión, otra vez jerarquicamente colocadas en una escala de prestigio antesala de una escala de poder.. Madre-Tierra, Madre-Naturaleza, dadoras de vida.

¿Cómo podría haber concebido el hombre un dios si primero no hubiera descubierto una capacidad "divina" de creación en sí mismo?
La noción de trascendencia se estabiliza como religión, distingiendose de la magia, transitando desde un espacio pautado punto a punto, a un continuo indefinido y confuso de dioses superpuestos y en lucha, hasta un continuo infinito ordenado y unificado con un Dios único onmipotente y omniciente. Paralelamente los seres humanos ganan en comprensión simbólica y pierden en el ejercicio de la institucion de las normas que rigen su estar y ser en ese espacio natural y cultural, que construyen socialmente. Paradojicamente las sociedades al buscar fuera de si los fundamentos de su existencia enajenan su capacidad instituyente, y que queda fijada en un pasado mítico que se desarrolla hacia un progreso preestablecido sin la voluntad de los humanos. La obediencia a esa conjunción de mandatos se convierte en el basamento del orden social y de las conductas de los individuos. Sanciones y castigos se orquestan para asegurar la reprodución de ese orden, aparentemente "natural" pero que es una construcción "cultural".

El proyecto de autonomía, sueño de las vigilias libertarias, en realidad sólo es posible desde la autodeterminación solidaria, que se funda y se instala por la autoinstitución explícita de la sociedad, a partir del rechazo de la heteronomía, de ese imaginario social dominnate que atribuye el origen de las instituciones a instancias extrasociales, fuera del alcance de los seres concretos que luego las asumen estabilizando sistemas que perpetuan la dominación.

Aqui debemos detenernos en Nietzsche para confirmar la necesidad de un eterno retorno, no a las formas creadas en el pasado, sino el retorno a la creatividad. Tenemos que recuperar el fuego, esa capacidad instituyente que nos robaron los dioses, despues que nosotros mismos los creamos. Sentirnos contemporaneos de los dioses, es decir coautores de procesos instituyentes que en su auto-nomia establecen laas normas que definen una identidad y una identificación social.

Diferencias y semejanzas

Las mismas categorias descriptivas y explicativas que definían una época -macro o microsocial- se resuelven en una vueltacarnero que las convierten en indicadores de cosas opuestas o divergentes. Asi queremos abordar algunos contenidos críticos de vivencias recogidas en el correr de la experimentación de un proyecto de vida que se definió originariamente como anarquista. Ese origen hacía que se desterrara la idea de un anclaje mítico, y por el contrario la clave pasaba a ser la opuesta al imaginario que nos hace criaturas -una metáfora basada en el Padre que nos convierte a todos en hijos dependientes en "el pan nuestro de cada día" y obedientes a los mandatos emitidos desde el cielo- para acceder a un hacer que nos hiciera autónomos, un convivir que nos integraba a un quehacer social de autonomías.

La Comunidad del Sur se definió pivoteando sobre tres pilares:
1 - la no-propiedad o propiedad colectiva autogestionada por sus instituciones politicas asamblearias.
2- la paternidad/maternidad compartida que intentaba eliminar la "sagrada familia" como matriz para los procesos identificatorios y como sede de las relaciones afectivas y sexuales.
3- el compromiso o implicacia social que establecia la totalidad del campo de la sociedad como el ámbito para un proyecto de proyectos de autonomías.

La pertinencia de analizar una experiencia concreta se sustenta en su posible validez para extraer de su devenir particular aspectos que se presentan en todo intento autogestionario, en cada microexperiencia que se replican a través del espacio y en cada posibilidad de cambio macrosocial como son las emergencias revolucionarias que se reiteran a través del tiempo histórico.

Nuestra hipótesis es que emergiendo de sociedades y procesos sociohistoricamente condicionados los "anarquismos" nacientes son siempre prematuros y por lo tanto inmaduros y endebles. Su posible inserción en la historia concreta, sea la historia social o las biografías de quienes los actualizan, los coloca siempre al borde del fracaso, o para expresarlo desde otra perspectiva "las luchas anti-estatales producen los efectos buscados a golpes de fracaso sucesivos", como lo señala Eduardo Colombo.

Pero como ya lo rescataramos en ocasión de otro Encuentro Internacional sobre el Anarquismo -en ese caso Venecia en setiembre de 1984- "...no se debe hablar de fracaso. El fracaso en sí no existe cuando una experiencia humana se realiza plenamente... y hay que verlo como un momento provisional de crisis que perfectamente puede determinar 'exitos' futuros."

Diferencias de roles, semejanzas de estructuras.

La contaminación que amenaza todo nacimiento surge de la presencia en el medio en que se emerge de elementos que ponen en peligro esa nueva vida. De allí la importancia de definir ese medio ambiente al que ahay que adaptarse y a la vez enfrentar.

Parcialmente hemos elegido algunos perfiles que pudieran ayudar a comprender los complejos procesos que acompañan esos nacimientos, que en el caso del anarquismo es provocado por el deseo de libertad (autogeno), por la presión que apura la necesidad de un alumbramiento (exógeno). Gestado así desde dentro y "reclamado" por las condiciones dadas, se provoca un parto que ronda el aborto. No ews casual que Luigi Fabbri haya denominado como "revoluciones preventivas" a los levantamientos fascistas que se anticipaban a los procesos de maduración que se daben en situaciones sociales pregnadas de posibilidades liberadoras.

Paradojicamente los dos horizontes que en nuestra vivencia son mas significativos giran alrededor de ideas y movimientos que asomaron como enfrentando los sistemas dominantes, y que estuvieron y están protagonizados por las mujeres y los jóvenes. Al hacerlo corremos el riesgo de errores determinados por una fuerte implicancia (el que escribe es hombre y adulto) y por las acotaciones biográficas (determinadas por relaciones de pareja y por una paternidad múltiples).

De todas maneras las observaciones y los pensamientos recogidos pueden desencadenar intercambios que iluminen mejor los objetos analizados y el objeto del análisis.

Los sexos en comunidad: competencia o solidaridad encarnadas

El anarquismo cobija la idea de la libre asociación de los individuos en todos los ámbitos del hacer humano y el amor libre ha sido una inflexión definitoria. La libertad es el querer que se proyecta en el amor.
"Amar es querer la libertad, la completa independencia del otro; no se puede amar verdaderamente más que a un ser perfectamente libre, independiente, no sólo de todos los demás, sino aún y sobre todo de aquél de quien se es amado y a quien se ama." (Bakunin)

La Comunidad del Sur se fundo en esa intención, en un entorno todavía no invadido y colonizado por el individualismo radical que hoy está instalado. Tampoco había emergido la expresión moderna de los movimientos de mujeres que ocupan un espacio significativo en los más diversos escenarios de la vida social.

La rotación en todas las tareas, la integración social desde la condición personal y no desde las ataduras de parejas o familiares, la educación de los hijos entendida desde la "paternidad/maternidad compartida" le dieron un impulso inicial que la convirtieron en una "experiencia feminista" asumida por hombres y mujeres como un modo de instituir la equidad y a la vez dando origen a formas sociales igualmente instituidas. Fue así como se fue construyendo la "matriz social" como nucleo de los procesos identificatorios y como referente de pertenencia, la "comuntarización" como modo de convivencia centrado en la autogestión de los propios niños bajo la protección de aquella "matriz social", que expresaba esa idea de libertad en oposición a la autoridad de los padres pero garantizando los vínculos aseguradores y nutrientes de sus progenitores enriquecidos por las paternidades múltiples más allá de la biología al integrar capacidades y características de todos en los procesos de socialización.

Pero ¿se llegó a estabilizar ese impulso en un instituir duradero y permanente renovado? ¿Soportó esa invención el embate de los cambios históricos que se han dado en los ámbitos de la sexualidad, de las costumbres y de la educación?
La conciencia de alguna manera se había anticipado a las relaciones, y en el correr del tiempo se dieron múltiples contradicciones que en general eludieron la conciencia y se instalaron en la relaciones reales.
Convivieron la nueva conciencia y clandestinas adaptaciones que finalmente se hicieron explosivas, de un isomorfismo paralelo a los desequilibrios de la sociedad global. En esta aunque de alguna manera expresa un creciente desmoronamiento de las formas comunitarias convirtiendo a la socialidad en desecho o residuo del vivir cada vez más individulizado, ese derivar asegura un tipo de desarrollo acorde con los valores dominantes y los mecanismos volcados intencionalmente a favor de los logros buscados en términos de mercado tanto como productorescomo consumidores y/o espectadores.

Las expectativas de igualdad, que en la sociedad global tenía como portavoces a las mujeres, y las de comunidad, que en general asumían los hombres, estaban soldadas y asumidas en solidaridad por hombres y mujeres integradas al proceso de creación de la Comunidad.

El "amor libre" sustentado a nivel del grupo comunitario, pero fuertemente engarzado en un conjunto de "obligaciones" y proyectos compartidos, en la sociedad global se fue decantando en "concubinatos" muy discutidos y combatidos todavía en los años 50, cada día más aceptados y alentados. Primero en formas extrajurídicas y luego con reconocimientos explícitos legalizados o no.

Los vínculos desacralizados, se iban haciendo más y más revocables, facilitando el desacoplamiento de funciones y comportamientos antes reunidos e instituidos en el matrimonio y la familia. Una crecientr pluralidad se iba infiltrando en las formas sobrevivientes de parejas, paternidades y soledades. Y aunque los síntomas de deterioro se expresan sobre todo a nivel de los hijos, es evidente que en términos inviduales las nuevas situaciones se cargan de gratificaciones, especialmente para las mujeres jóvenes. Y aunque en muchos ámbitos de la vida social y económica las mujeres han conquistado "barcos que se hunden" no dejan de vivirlo como conquista en comparación con el paisaje desagraciado que muestran sus antecesoras (en general hijas de madres ahora divorcidas y solas, con un futuro inseguro).

La fase de modernización acelerada desde fines de los 60 coincide con la globalización del mercado, que comprende la inclusión de las mujeres en numerosos trabajos domésticos generados industrialmente. Ese desenvolvimiento paralelo de individualización y modernización elimina las bases de la convivencia incrementando los conflictos y facilitando su solición a través de la dilución de los vínculos, cada vez menos necesarios. Esa dinámica ha desprendido a los seres humanos de las funciones educativas, sociales y económicas que cumplían en las formas famiiares, para impulsarlos en la búsqueda deuna "vida propia". Hombres y mujeres son liberados respecto a las formas y asignaciones de roles tradicionales. Y así se separan, al mismo tiempo que la fragilidad de las relaciones sociales presiona para buscar en las relaciones afectivas y sexuales una compensación. Pero la necesidad de intimidad compartida se desplaza a las circunstancias de las relaciones determinadas por la cercanía de los lugares de realización de trabajo o capacitación, que es el más allá de placer o sufrimiento de las relaciones sexuales. Esas nuevas posibilidades de elección se acentúan con la movilidad profesional de los conyuges, el reparto de las tareas domesticas y del cuidado de los hijos disminuidos por servicios "burocratizados" disponibles desde la sociedad modernizada, los nuevos anticonceptivos y las expresiones de desublimación represiva que disminuye el compromiso en la relación con otro. Las disponibilidades institucionales y comerciales vienen a aliviar y al mismo a promover los conflictos privados entre los sexos.

La globalización que presiona sobre las sociedades en todas las latitudes, en el caso de la Comunidad del Sur se acrecentó por un período de exilio que internalizó aspectos de las sociedad "avanzadas" en ese proceso de destradicionalización de la familia, y que en ese caso desajustó paradojicamente la lógica contra familiar instituida por la porpia comunidad.

Recientemente en un "analisis institucional" que pudo permitir la explicitación de los conflictos no manifiestos esta problemática apareció asociada a lo que el psicólogo coordinador denominó el "vaciamiento". También las "tradiciones" alternativas, todavía sin fraguar de la Comunidad, sufrieron el impacto de una contaminación que no respeta fronteras. Lo que en la sociedad global se expresa en "una lucha de trincheras entre los sexos", "en un replegamiento al individualismo", en "un acrecentamiento del narcisismo", como síntomas de la privatización o tercerización de otro producto del sistema dominante, también se internalizó en las conductas de hombres y mujeres comunitarias.

Y la irrupción de la anomia y atomia en que se tradujo ese "contagio" tuvo otras manifestaciones que tuvieron sus propias expresiones típicas "hacer una comunidad a imagen y semejanza de si misma", "retraimiento de las rotaciones para acentuar las especializaciones", "la burocratización de las funciones". Los vinculos comunitarios, fundados en la solidaridad fueron desplazados por la contractualidad de las relaciones, al impulso de los nuevos roles ejercidos por las mujeres sobre todo en las funciones externas, canalizadas en orgnizaciones internacionales. La movilidad (viajes a reuniones internacionales y la integración en "corporaciones ecologistas" de ONGs) y las competencias individuales que esas instancias requieren chocaron con las formas comunitarias. La solidaridad era vivida como opuesta a la realización personal y desde las posiciones de poder (manejo de información y de recursos por fuera de los resortes comunitarios)
se fueron pervirtiendo las instancias asamblearias y las estructuras organizativas colectivas. La contraexigencia de considerar al otro y de conciliar los proyectos individuales con el proyecto de comunidad se deslizó del centro para ser considerado marginal.

Lo prematuro de las realizaciones autogestionarias se poen de manifiesta aquí, de la misma manera en que las encontramos en procesos igualmente prematuros a niveles macro -revoluciones nacionales o sociales fracasadas justamente por lo que Trotsky o Reich mostraron, o revoluciones inacabadas pero que ya mostraban los mismos síntomas- que en la vida cotidiana reproducen los valores rechazados que de todas maneras contaminan los actores y las imágenes con se construye la alternativa.

En la sociedad rechazada lo privado se convierte en político, y en la sociedad alternativa lo politico se privatiza. En ambos casos las estructuras se reimplantan aunque los roles se alternan entre hombres y mujeres. Allá los hombres resisten la integración pues entra en juego su predominio, aqui las mujeres asumen la msima conducta invirtiendo el proceso privatizan burocratizando y asi impiden la integración, la equidad y la solidaridad.

"Son el resabio del marxismo-leninismo", "se benefician y adquieren privilegios por el hecho de representar a los sectores postergados, a los sin voz" "hablan de lo que no hacen y hacen lo que se callan". En otra instancia de análisis con otro analista apareció un concepto que puso de manifiesto uno de los aspectos más difciles de dilucidar: "la palabra pervertida".

Una reacción conservadora: el repliegue como defensa

En la investigación que Comolli hiciera en preparación a su film sobre la "Colonia Cecilia", comunidad anarquista funda en Brasil hacia 18???, señala que al trastavillar las formas colectivas se dió un retomar las formas familiares y que esa reacción fue un dinamizador para la disgregación definitiva, junto con otros factores coaadyuvantes.

Mujeres Libres en España puede servir para revisar estos aspectos pues vivieron otro proceso de prueba, un test que mostró esa prematuro nacimiento de un anarquismo todavía no consolidado. Los conflictos que se deslizan hacia asignaciones personales de culpa y en decepciones en las relaciones interpersonales encubre la inmadurez de la capacidad instituyente por un escaso nutriente imaginario que aliente la creatividad. Todo se reduce a un intento de cambio social en la familia sin visualizar las estructuras sociales y todo se reduce a un intercambio de desiguadades al interior de una instancia insuficiente e inadecuada para la equiparación de hombres y mujeres. El repliegue hacia la pareja como escenario para dilucidar como resolver las relaciones privadas entre los sexos están condenadas a fracaso.

Pero en un contexto comunitario es igualmente cierto que la desolidarización por una "vuelta de la tortilla" al invertirse la adjudicación de roles de prestigio y de poder repone en una versión nueva el mismo desequilibrio. Agudizado por el hecho de que son os valores del proyecto los que quedan amenazados, y son las instituciones comunitarias las que se vacian de contenido aunque conserven las formas. Así la reestructuración de los servicios domesticos que en una estructura cmunitaria pierden el rasgo estructural que los hacian insoportables por el aislamiento social que los acompañaba, pasan a ser descalaificados frente al prestigio de otras actividades jerarquizadas por su repercusión en otros ámbitos. A mismo tiempo la seguridad alcanzada en una estructura solidaria en terminos de género, no necesariamente coincide con las situaciones personales lo que abre espacios de duda, de crítica y de "alianzas mezquinas" entre quienes pueden ascender en las escalss de poder que se abren fuera del ámbito comunitario. Tal vez estas circunstancias podrían ser obviadas en procesos de cambio globales al desmoronarse los andamiajes de esas posibilidades jerárquicas, pero acompañando a Clastres en su concepción de una "sociedad contra el Estado", la reinstalación de formas de dominación y de burocratización están siempre en el horizonte de toda vida social y su salud se juega en la capacidad de resistirlas desde la riqueza de sus formas autoorganizativas y autogestionarias.

El proyecto revolucionario al igual que el proyecto de una experiencia libertaria, pretende una construcción que asegure la autonomía individual y social. En el modelo de mercado de la modernidad cada cual debería ser "autónomo", estar libre de toda atadura para responder a las exigencias del mercado y al mismo tiempo esa independencia es lo que le garantiza su existencia económica y su "calidad de vida". Especialmente en el mercado de trabajo la exigencia es una movilidad sin límites que no tiene en cuenta las circunstancias personales. Los hijos y la comunidad exigen lo contrario. Mientras que las formas burocratizadas en el poder o en el contra-poder que se le opone, supone la sociedad sin familias, sin matrimonios estables, ni vinculos comunitarios. Ottawa, Amsterdam, Buenos Aires o Nueva York estan a la misma distancia del si mismo y del correo electrónico. El espacio virtual es una pantalla en blanco que se abre cada día a la comunicación pertinente, apropiada a la profesionalización que acompaña la realización de una "vida propia". La autonomía como concepto se desdibuja y se confunde con el concepto de independencia al perder todo contenido solidario e implicación en la pluridad de la vida social, económica y política del otro. Un otro que en el reducionismo se vuelve intercambiable, un objeto descartable una vez usado en la especificidad de las circunstancias de espacio o tiempo; o de la ocupación por razones curriculares o de la carrera profesional, tecnica o burocrática. La autonomía de la biografía individual se sacraliza y es directamente proporcional a la distancia de responsabilidades localizadas en lugar y personas. Cada cual vive más y más "su propia vida" desprendiendose de los vínculos que lo relacionan con estructuras más complejas y comprometidas.
El hijo es un obstáculo en el proceso de individualización. Es un trofeo que recuerda una conquista en general insustentable, un logro de una relación olvidada o pérdida, el hijo por el contrario permanece inintercambiable. Las parejas se renuevan, el hijo permanece y comienza a valorarse dentro de un esquema de costo-beneficio.

El proceso de individualización visto como liberador desde la perspectiva femenina, tiene un costo destructivo en los hijos (cada vez menos). A comienzos de los 50, al fundarse la Comunidad el tema era "el capitalismo: una sociedad sin padre", ahora debería llamarse: "la sociedad capitalista: una sociedad sin padre ni madre".

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