SOBRE EL MOVIMIENTO OBRERO Y POPULAR

Por Raúl Zibechi


"Decir que no puede haber tres o más clases no significa, no obstante, que siempre haya dos. Puede no haber ninguna, aunque esto es raro y transitorio. Puede haber una, y esto es lo más común. Puede haber dos, y esto es de lo más explosivo".
Immanuel Wallerstein
El moderno sistema mundial


"Por clase entiendo un fenómeno histórico que unifica una serie de sucesos dispares y aparentemente desconectados, tanto por lo que se refiere a la materia prima de la experiencia, como a la conciencia. Y subrayo que se trata de un fenómeno histórico. No veo a la clase como una 'estructura', ni siquiera como una 'categoría', sino como algo que tiene lugar de hecho (y se puede demostrar que ha ocurrido) en las relaciones humanas".
E.P. Thompson
La formación de la clase obrera en Inglaterra

"La clase (…) es inseparable de la noción de lucha de clases. En mi opinión, se ha prestado excesiva atención (en gran parte sin criterio histórico) a 'la clase', y demasiado poca a la 'lucha de clases'. Está claro que la lucha de clases es un concepto previo a la vez que más universal. En pocas palabras; las clases no existen como entidades aisladas que buscan y hallan una clase enemiga, y entonces comienzan la lucha. Por el contrario, las personas se encuentran en una sociedad estructurada de distintas maneras (principalmente, pero no exclusivamente, según las relaciones de producción), experimentan la explotación (o la necesidad de mantener el poder sobre los que son explotados), identifican asuntos de interés antagónico, comienzan a luchar sobre estos puntos y, en el proceso de la lucha, se descubren como clase, se dan cuenta de este descubrimiento como conciencia de clase. La clase y la conciencia de clase son siempre el último, no el primer estadio en el proceso histórico".
E.P. Thompson
Miseria de la teoría


INTRODUCCION

1.- El siglo XX es el de la "gran transformación" del capitalismo, por medio de la cual el Estado llegó a ocupar un papel central en la producción, reproducción y conservación del sistema. Es lo que Castoriadis denomina como capitalismo burocrático, en el cual los dos términos están íntimamente relacionados a tal punto que uno no puede concebirse sin el otro. En síntesis, el capitalismo forma parte de la pirámide burocrática a través de la que controla y dirige la sociedad. Por lo tanto, en la segunda mitad del siglo, y con enorme fuerza ahora mismo, los temas centrales de la emancipación son el control social, la opresión y la división entre dirigentes y dirigidos, al mismo nivel que lo era la explotación en la primera fase del capitalismo.

2.- Este nuevo papel del estado modifica las características esenciales de la sociedad, de las diferentes clases y del funcionamiento de todo del sistema. A nivel de la clase obrera y los sectores populares, implica cambios de larga duración en sus perspectivas de desarrollo del proyecto emancipador. El capitalismo burocrático va de la mano de la centralización y concentración de los poderes. En procesos paralelos y simultáneos, los obreros recorrieron caminos muy similares a los de los capitalistas.
Veamos: para derrotar al capitalista individual durante la primera fase del movimiento sindical, los obreros debían unirse. Si los patrones no se unían, y daban una lucha individual, sucumbían. O sea, cada clase se iba formando en la lucha de clases. En determinado momento, para no sucumbir, los patrones reclaman el apoyo del estado a traves del ejército. Cuando eso no es suficiente, reclaman la intervencion de tropas extranjeras. Pero, por encima de todo, la lucha de clases llevó al capitalismo a la concentración y la centralización, que no es, como sostienen algunas corrientes marxistas, un producto de "leyes económicas" sino una consecuencia de la lucha de las clases.

3.- En líneas generales, el movimiento social, desde la Comuna de París hasta la revolución de 1968 por lo menos, ACOMPAÑÓ el proceso de fortalecimiento del estado al promover un proceso similar de unificación y centralización de sus fuerzas, dotándose de un sistema organizativo "estatista" (o sea, que reproduce en su seno la pirámide burocrática). Esta tendencia se verificó en todas las vertientes del movimiento, aunque algunas lo encararon de forma más explícita y entusiasta, en particular la corriente comunista. En este punto, el movimiento obrero actuó de forma mecánica, en parte por imitación del modelo burgués, sea en la forma socialdemócrata o en la versión soviética.

4.- La centralización y unificación de las fuerzas del cambio, mostró con el tiempo ser una de las principales barreras contra los objetivos que proclamaban. De ahí que la lucha revolucionaria de 1968 fue, en sus aspectos centrales, una lucha contra la centralización y la unficación del movimiento que encarnaban los partidos comunistas. En síntesis, la parte de captialismo que había en el movimiento socialista.


URUGUAY: UN SIGLO DE LUCHAS POPULARES


5.- El movimiento social uruguayo vive actualmente su tercera etapa. La primera arranca en las últimas décadas del siglo XIX (hacia 1870) y alcanza su pleno desarrollo hacia la segunda década del siglo XX. La segunda etapa se extiende desde fines de los treinta hasta comienzos de los ochenta y la tercera está aún en pleno desarrollo. Cada etapa corresponde en alguna medida a períodos diferentes de la acumulación de capital y, por lo tanto, en lo referente a la organización del trabajo. La primera etapa desbroza el capitalismo en el país, disipando y destruyendo las formas de producción previas, atrayendo mano de obra calificada extranjera para una industria incipiente y artesanal. En la segunda, el capitalismo se desarrolla en extensión, absorbiendo gran cantidad de mano de obra, sobre todo llegada desde el interior, en grandes unidades de producción. En la tercera, el capitalismo se desarrolla en profundidad, comenzado un largo proceso de expulsión de fuerza de trabajo y dispersión de las grandes concentraciones productivas.

6.- El sindicalismo de oficios, las asociaciones de socorros mutuos, las cooperativas, bibliotecas populares, ateneos y otras instancias organizadas del movimiento obrero y popular fueron, durante la primera etapa del movimiento obrero, la expresión de un sector muy minoritario de los sectores populares, aquel que mejores condiciones tenía para resistir y negociar con el capital. Era un sector que, con la distancia, podemos calificar de "capas medias", con predominio de extranjeros ilustrados y especializados que dominaban algún oficio. La inmensa mayoría de los pobres de la ciudad y del campo no estaban en condiciones de organizarse de manera estable y a menudo dependían de alguna forma de subordinación (al patrón, caudillo, estanciero, comisario, "dotor" o al cura).

7.- Fue un movimiento amplio, combativo y potente, que desarrolló luchas de gran trascendencia, además de haber sido el fundador del movimiento obrero uruguayo. Las formas de lucha principales fueron la huelga de larga duración, para quebrar la resistencia del patrón individual, el boicot y algunas veces el sabotaje. Este movimiento desarrolló una amplia prensa obrera, que fue la principal forma de comunicación entre los trabajadores organizados; creó bibliotecas obreras o populares, espacios de debate y formación, dando prioridad al desarrollo del movimiento "hacia adentro", en lo que constituía la clave de su fortaleza "hacia afuera". Estas características, universales en el movimieanto obrero de la época, se deben en gran medida al carácter de sus principales inspiradores: obreros autodidactas, con largos tiempos de aprendizaje de los saberes (profesionales y generales), orgullosos del lugar que ocupaban en el mundo como creadores de la riqueza material y moral, con una clara visión de la sociedad alternativa que querían construir. Pero se debe también al carácter que tuvo el movimiento socialista hasta la revolución rusa (y sobre todo hasta la Comuna de París), que consistía en el desarrollo de la sociedad de los oprimidos, en paralelo y con escaso contacto con la sociedad de los opresores. El "ellos" y el "nosotros" estaban claramente delimitados.

8.- El pico de mayor desarrollo se situó hacia fines de la década del diez. Fue un movimiento poco centralizado, discontínuo, con instancias coordinadoras flexibles y escasamente estructuradas, poco apto para sobrevirir en períodos de repliegue o para "conquistar" el poder. Sus rasgos más positivos fueron la pugna por la consolidación de una cultura obrera, el apoyo al autodidactismo, el desarrollo de bibliotecas, ateneos, instancias de formación y debate, y su capacidad de crear formas de vida alternativas al sistema, tanto en los ámbitos de la enseñanza como de la salud, la recreación y la vida cotidiana. Supo defender valores de solidaridad, ayuda mutua y autoorganización, que fueron las bases sobre las que se erigió el movimiento popular. Rechazaba de forma tajante la "intromisión" del Estado en los conflictos entre obreros y patrones.
En cuanto a lo negativo, tendió a extremar los enfrentamientos internos, exacerbar las diferencias ideológicas y se mostró en extremo sectario con quienes no compartían sus convicciones. Pero el problema fundamental de este movimiento, y en última instancia la razón de su declive, fue la incapacidad para organizar e involucrar a los obreros no calificados, la inmensa mayoría de los asalariados, con quienes en no pocas ocasiones se registraron enfrentamientos. Quizá, ni cultural ni socialmente estaba en condiciones de hacerlo: unos, los organizados, quedaron aislados; los demás, dispersos y atomizados fueron fácil presa del estado que supo coptarlos en elmemoento que decidió iniciar un viraje "social".

9.- Hacia comienzos de los años 20, los cambios mundiales, nacionales y en la organización del trabajo, hicieron insostenible un movimiento de este tipo. Comienza un largo período (dos décadas) de crisis, división, fragmentación, disputas terribles, que se puede calificar de derrota y desoritenación. La expansión del capitalismo y los cambios consecuentes en la organización del trabajo, mellaron la potencia del primer movimiento obrero. En paralelo, comenzó a difundirse una cultura de masas a través de nuevos medios, más proclive a llegar e interpretar a los obreros no calificados (migrantes del campo e hijos de inmigrantes), menos politizados y deseosos de integrarase al sistema como ciudadanos con plenos derechos, de los cuales hasta este período sólo gozaban en los papeles. Por los intersticios de esta fisura, el capitalismo avanzó y se desarrolló en nuevos sectores, en los que encontró menores resistencias: frigoríficos, textiles, metales, etc. Los privilegios de los viejos obreros de oficios fueron cayendo uno tras otro, en el interior mismo del taller. La base material del sindicalismo de oficios se había quebrado y arrastró consigo todo el andamiaje del movimiento obrero de la época. Un proceso que tiene escasa relación con las corrientes político-ideológicas, porque debemos entender que los sujetos sociales adoptan alguna, o varias, de las estrategias posibles en base a sus necesidades en cada momento histórico y no como consecuencia de su adhesión a una determinada corriente. En este sentido, vale retener que el patrón de acción de los sindicatos de oficos (huelga larga, boicot y sabotaje) era compartido tanto por los sindicatos orientados por anarquistas como por los dirigidos por comunistas. Porque los patrones de acción, en gran medida, dependen de condiciones sobre las que las personas no pueden influir a su antojo, ya que están modelados tanto por las relaciones de producción y los rasgos culturales y sociales de la sociedad, como por la experiencia y la subjetividad de los trabajadores.
Ciertamente, los anarquistas tenían más preocupación por la autonomía y por la formación cultural, en tanto los comunistas eran más proclives a la eficacia y a una organización férrea. Pero en la primera etapa, ambos recurrieron a métodos de lucha similares.

10.- De esta crisis sale otro movimiento obrero y popular, muy distinto, hacia comienzos de los años cuarenta. Esta etapa fue la decisiva en la configuración de la cultura obrera y popular que aún es hegemónica. De ahí la importancia de su análisis en profundidad.


UN NUEVO MOVIMIENTO

11.- Los cambios sucedidos en el país y en el mundo, en pocos años, fueron espectaculares: crisis de 1929, taylorismo y fordismo, guerra civil española, ascenso del fascismo; golpe de estado de Terra, división de los partidos tradicionales, fortalecimiento del estado nacional e intervención en todos los aspectos de la sociedad, cambios en las alianzas políticas y sociales, fuerte inmigración hacia Montevideo. A caballo entre las décadas del 30 y del 40, estos cambios cuajan en la conformación de un nuevo modelo de acumulación, asentado en la sustitución de importaciones, la ampliación de la legislación laboral, la creación de un mercado interno y de sindicatos de masas, y la integración de todo tipo de disidencias en el sistema. Fueron todos aspectos de un mismo y único modelo.

12.- La industria nacional requería de un estado fuerte, regulador e intervencionista, de nuevas formas de organización del trabajo que presuponían la extensión efectiva de la enseñanza primaria a todos los trabajadores y de formas más sutiles y eficaces de disciplinamiento y control social, y también de un movimiento obrero centralizado y unificado, con el cual las patronales y el estado pudieran negociar. O sea, con dirigentes especializados, confiables y expertos. Para todas estas cuestiones fueron funcionales el neobatllismo, desde arriba, y el comunismo, desde abajo. El resultado fue el estado del bienestar, objetivo compartido por las principales corrientes, destinado a garantizar la paz social necesaria para el buen desarrollo de la producción y los negocios. O sea, para que el plusvalor pudiera ser generado y realizado de forma ágil, sin tropiezos, y con el orden mínimo necesario.

13.- La creación de los nuevos sindicatos de masas se verificó en el período comprendido entre 1936 ( huelga de la construcción en enero) y el fin de la guerra mundial, en 1945, con jalones decisivos en 1942-43 (creación de la UGT y de los consejos de salarios, respectivamente). El estado alentó la creación de sindicatos y los sindicatos alentaron al estado a intervenir en el movimiento sindical. Fue el período de oro de la colaboración batllista-comunista, años de enorme paz social. (En el período de siete años que va de 1937 a 1943, hubo menos horas/hombre de huelga que en un sólo año del período anterior, 1919, pese a que había muchos más asalariados). Que la inmensa mayoría de los nuevos sindicatos fueran creados en ese clima de paz social y colaboración de clases, imprime al nuevo movimiento una impronta de la que no se despegará por mucho tiempo. En algunos aspectos, dura más de medio siglo.

14.- Legalismo, extensos trámites en oficinas estatales y en el parlamento, debates y discusiones sobre cuestiones técnicas y legales con patrones y estado, requerían de los nuevos sindicalistas una pléyade de asesores y una formación especializada. Estas fueron las formas que adoptó la tendencia hegemónica en el movimiento obrero, tendiente a insertarse en el sistema en la mejor forma posible. Para ello había que luchar, pero cuando la negociación fracasaba. La movilización se llevaba a cabo durante las negociaciones si éstas se trancaban; en general el sitio preferido era el parlamento, lugar frente al que los obreros nunca se manifestaron en la primera época, ni acudieron a las barras para presenciar los debates. Otro lugar frecuentado era la Ofinica Nacional de Trabajo. Esto lo hicieron, con el tiempo, todas las corrientes: lo hicieron los cañeros y también FUNSA, porque en esos espacios se ventilaban cuestiones que los trabajadores valoraban como importantes.
(Piénsese lo siguiente: en Buenos Aires, por ejemplo, el sitio al que confluyen todas las marchas obreras es la Plaza de Mayo. Las marchas arrancan de la periferia y se dirigen al centro, lo "toman" simbólicamente. En el imaginario obrero, ocupar el centro de la ciudad, el espacio de los "otros", es una forma, también simbólica, de desplazar a esos "otros" del lugar central que ocupan en la sociedad. Esta tradición arranca, al parecer, con la huelga general espontánea del 17 de octubre de 1945, y se mantiene hasta hoy, se repite en el cordobazo, en el rosariazo, etc. y con las Madres. Y esto no tiene nada que ver con el peronismo, sino con la estrategia adoptada por la clase obrera).

15.- Vale la pena decir que para que esta cultura se abriera paso debieron conjugarse una serie de factores, tanto desde arriba como desde abajo. Algunos ya fueron mencionados. Otros, tienen que ver con la cultura obrera predominante, que en la década del treinta, y desde las profundidades del mundo popular, pugnaba (empujaba) por su reconocimiento y su inserción en el mundo oficial. A su vez, la actitud de ese mundo oficial facilitó la coptación. Un ejemplo: la crisis del 29 provocó hambre en Uruguay. El estado terrista respondió con comedores populares y caridad efectiva de diverso tipo. Los sindicatos no pudieron hacer nada. El estado ganó puntos, a la vez que la crisis dejaba en situación de mayor dependencia a los sectores populares, que perdían su ya escasa autonomía. La pérdida de autonomía y el aumento de la subordinación son siempre prerrequisitos para el avance del capitalismo. (Los peones que sobrevivían en los pueblos de ratas de la caridad del patrón o del dotor, de algunos cultivos pero también del robo y la caza furtiva, tenían mayores grados de autonomía que la que tendrán cuando se conviertan en obreros urbanos). Pero el sistema les ganó la cabeza, y los corazones, los convenció de que en las ciudades tenían futuro y que en la industria harían carrera. Llegaron y fueron ciudadanos, y hasta felices, ....durante un tiempo. Esta es la historia hegemónica en el movimiento obrero, la que describe este proceso, pero además lo hace de forma superestructural, sin relación con la cultura obrera y su experiencia vital. (Y una aclaración: la experiencia de este sector de la clase obrera, el más numeroso sin duda, no es la que conforma la clase obrera. En la formación de la clase, el otro sector, la experiencia del otro sector, juega un papel decisivo).

16.- La otra tenedencia presente entre los trabajadores, la de ir más allá del sistema, la de cambiarlo de forma radical, fue marginal durante esos años. Pero fue importante en torno a los frigoríficos del Cerro y en algunas pocas textiles y fábricas de esa zona proletaria. Digamos que esta tendencia permaneció latente en una zona, una región como Cerro-La Teja-puerto. Las razones, una vez más, son menos ideológicas que culturales y sociales. Allí había tradiciones de lucha, pero además un esquema de solidaridades comunitarias territoriales que funcionaba de veras, en base a una concentración proletaria importante y por ser las únicas fábricas donde el capitalismo practicaba un taylorismo y fordismo desenfrenado: los frigoríficos. Los recién llegados del campo se insertaban en tradiciones, pero además podían vivir la superexplotación y tenían un espacio territorial propio donde experimentarla y compartirla. Y, llegado el caso, subvertirla.

17.- Recién en 1951 y 1952 se expresa de forma más coordinada en las huelgas de los gremios solidarios. Fueron las huelgas generales más extensas y combativas del proletariado uruguayo, hasta hoy. Fueron huelgas terrritoriales, básicamente Cerro-La Teja-puerto. Abrieron una década de grandes cambios en el movimiento popular. Auspiciaron el crecimiento de los sectores clasistas y de los grupos organizados más dinámicos. Esas luchas jugaron un papel decisivo en el proceso de formación de la clase obrera, por lo tanto en la configuración de su conciencia y en su carácter de clase nacional.

18.- A fines de los 50 el movimiento obrero y popular queda prácticamente configurado, con la fisonomía que tendrá en el momento de las luchas decisivas. La tendencia a la inserción en el sistema sigue siendo mayoritaria, con gran peso en la sociedad pero con grandes contrapesos en el movimiento organizado. Al calor de la crisis estructural del país, los sectores en los que anidaba cierto espíritu de cambiar el sistema (o que se ven empujados a hacerlo por razones "sistémicas") se fortalecen, en particular entre los frigoríficos y los textiles y se extiende a otros sectores a paritr de ellos y del eje Cerro-Teja-puerto.

19.- Pero más allá de las tendencias, cobran fuerza una serie de dinámicas que atraviesan a todo el movimiento, que llegan a configurar toda una cultura sindical nueva: centralización, unificación, división del trabajo entre dirigentes y ejecutantes. Ellas minaron desde dentro al movimiento, con el agravante, ya en la década de los 60, de la división en corrientes político-partidarias, impulsado en parte por la polarización posterior a la revolución cubana. Esta cultura reprodujo en el interior del movimiento sindical la pirámide jerárquica y burocrática que a partir de los años 30 caracterizó al sistema. Esa tendencia ya existía en 1965 cuando se crea la CNT, aunque su creación la refuerza y amplía. O sea, la tendencia a la unificación del movimiento fue la que fructificó en la CNT y, en el fondo, fue la respuesta de los trabajadores a la unficación de la burguesía y una manera de prepararse para el enfrentamiento de clase. Cuando un sector obrero veía que "solos no podían", apelaban a la unidad. A partir de mediados de los 50, queda claro que solo, ya ningún sector obrero puede.

20.- La unificación dio al movimiento mayor capacidad de acción, más eficiencia y eficacia. Pero, en contrapartida, marginó a sectores y agudizó la división del trabajo. A la larga, eso atentó contra la eficacia, al reducir al papel de espectadores a sectores muy importantes, los cuales no participaban en la vida diaria de los sindicatos. A grandes rasgos, puede asegurarse que en la industria, menos de la mitad de los obreros están afiliados a sindicatos. Entre los textiles y los frigoríficos, los sectores con empresas más grandes, las cifras nunca sobrepasan el 70 por ciento. De ellos, sólo una parte (nunca más de la mitad) participa en las asambleas más importantes. En la vida cotidiana del sindicato, apenas lo hace un diez por ciento de los obreros sindicalizados, o sea no más del 5 por ciento de los obreros de la rama. Y eso hablando de los sectores más concentrados y mejor organizados. (Esto es sólo para matizar de qué hablamos cuando decimos: "la clase obrera luchó", o decidió, o lo que sea).

21.- A lo largo de los años 60 se procesa la derrota de la clase obrera y de los sectores populares. La derrota se consuma en el invierno de 1969, cuando no fue posible concretar una huelga general que en los hechos ya era una realidad, y las luchas naufragan aisladas. A partir de ese momento, la burguesía y la derecha toman la iniciativa y ya no la abandonan hasta una década más tarde. Las razones de esta derrota son varias, pero me parece necesario insisitir en las razones "sistémicas" y no en las coyunturales. En realidad, la derrota no dependió de qué sector o línea fuera hegemónica en el movimiento sindical.

22.- La clase dominante se consolida y unifica. Entrelaza sus intereses económicos, abandona el proyecto de sustitución de importaciones y se propone y comienza un largo proceso de reconversión. Eal sector tradicional ganadero, convertido ahora en sector financiero, toma el control del estado. Este proceso llevaba necesariamente a un fuerte cimbronazo de la sociedad, ya que suponía -y supuso- cambiar las bases sobre las que se construyó un nuevo país a partir de los años 30: cambios en la inserción internacional del país, en las alianzas de clases, en el papel del estado (incluyendo las fuerzas armadas), en el rol a atribuir a los trabajadores, etc. En suma, supuso articular un nuevo modelo de acumulación, para lo cuál sería necesario buscar otras formas de organización del trabajo. Así fue como la burguesía fue tanteando hasta encontrar, porque las buscó afanosamente, las tecnologías necesarias para cumplir los fines que se había fijado: desarticular el mundo obrero para seguir acumulando sin las trabas que suponía la clase obrera (su conciencia, sus organizaciones y acciones). La desarticulación del mundo obrero se fue consumando poco a poco o si se quiere en etapas. Primero había que derrotarlo materialmente: desgastarlo por hambre, neutralizar y extirpar a los núcleos referenciales y más activos, desmoralizarlo.
El cierre de los frigoríficos del Cerro y la apertura de pequeños frigoríficos en el Interior, es una estrategia de reconversión en unidades más pequeñas, desconcentradas y desterritorializadas, que luego adoptó todo el empresariado nacional. Por eso la derrota debe ser situada en el entorno de 1969, año de la última gran lucha, y gran derrota, de los obreros de la carne. A comienzos de los sesenta la clase dominante ya tiene un perfil claro de lo que busca, comenzará a implementarlo y poco a poco encontrará los caminos para hacerlo.

23.- Los sectores populares van, en conciencia, muy a la zaga. Además sufren múltiples divisiones: etáreas, de género, de sectores productivos y de servicios, de diversas formas de organización del trabajo, etc. Diferencias que se plasman en corrientes sidnicales duramente enfrentadas. Los lugares de mayor combatividad coinciden con aquellos en los que se implementa una forma de organización del trabajo más moderna (fordismo) y los más legalistas son aquellos, al parecer, en los que predominan formas más tradicionales de acumulación y explotación. Ello no es mecánico. Además, el momento de mayor combatividad se registra cuando la patronal o el estado comienza la reconversión y racionalización. Eso quiere decir que la clase va a la defensiva, siempre.

24.- Las divisiones político-partidarias fueron letales para el movmiento popular. Ahondaron las divisiones "estructurales" de la clase en vez de disminuirlas; agudizaron artificialmente el enfrentamiento entre quienes querían insertarse en el sistema en la mejor forma posible y quienes querían cambiarlo; perdieorn de vista que el sistema los condenaba a todos, porque la clase obrera era, en su conjunto como clase, el principal escollo para pasar a una etapa más elevada de acumulación. Así, la clase obrera llega derrotada al golpe de 1973. Una derrota mal procesada y mal interpretada (por que no se han sacado las conclusiones del caso y no se ha debatido a fondo) y, por lo tanto, de la que aún no se ha recuperado.

EL PERIODO ACTUAL: LA DESORIENTACION


25.- Desde la derrota del plebiscito contra la ley de caducidad, en 1989, el movimiento obrero y popular no encuentra su norte. Los noventa han sido una década perdida, de mínimos avances y grandes retrocesos, que se plasman en una tendencia empecinada a repetir el libreto ya conocido sin atreverse a introducir variantes. Una actitud temerosa y defensiva. El peor rasgo es la subordinación de lo social a lo político-partidario y, por lo tanto, a la lógica estatista que anula cualquier pretensión de autonomía.

26.- ¿Cuál es hoy la estrategia de la clase obrera? En primer lugar, habría que decir que no hay una clase obrera, que la que tomó forma en los 50 se fue dispersando y desfigurando y desapareció como tal clase a partir del golpe de estado. Lo que hoy existen son sectores o fracciones de trabajadores que pugnan por sus intereses comunes, cuando los encuentran, o naufragan sin encontrarlos. Hay obreros y hay sindicatos pero no hay clase obrera. La clase se forma en la lucha de clases y es inseparable de ella. Sucede lo mismo con la emancipación: no es el resultado de la lucha, es el proceso mismo de lucha, como dice Holloway. Lo segundo, sería diferenciar entre lo sindical, la clase obrera y el trabajo, y dentro de éste al trabajo asalariado.
En este aspecto, habría que diferenciar varios grupos. Por un lado, los que aún están dentro del sistema, básicamente los funcionarios públicos y algunos sectores de la actividad formal como la banca tradicional, en parte la salud y algunas empresas aisladas del sector privado. Este sector lucha defensivamente por mantener privilegios o derechos, por no caerse. Es el sector organizado sindicalmente, con fuertes rasgos corporativos. Sin embargo es el sector que influye en la izquierda política y por supuesto en la central sindical. Es el que tiene prácticas sindicales más arcaicas, menos renovadoras, porque le alcanza con repetir el libreto aprendido y, sobre todo, porque su interlocutor es el Estado, punto de referencia ineludible para el sindicalismo de masas. Digamos que la cultura sindical tradicional se ha refugiado en este sector, que controla los aparatos sindicales. Por eso sus luchas son poco innovadoras. Pero representa al sector más pequeño de los trabajadores. Es conservador, ya que tiene cosas importantes que perder, entre ellas la seguridad en el empleo.

27.- Un segundo grupo lo componen el resto de los asalariados. Tienen muy pocas posibilidades de organizarse, la mayoría trabaja en pequeñas y medianas empresas y muy pocos en grandes. El control patronal y la represión son muy grandes y la mayoría de las luchas intentadas han fracasado. Su principal preocupación es mantener el empleo, pese a los bajos salarios y sus malas condiciones de trabajo. Creen que aún tienen cosas para perder, porque todavía tienen su trabajo aunque inseguro y muy mal remunerado.
El tercer sector estaría conformado por los no asalariados: informales, cuentapropistas, ambulantes, desocupados o subocupados, pequeños comerciantes y productores rurales, etc. Es el sector mayoritario de los trabajadores, pero tiene muy pocas posibilidades de acción, en gran medida por la enorme heterogeneidad y la ruptura que vive con sus propias tradiciones, ya que aquí recalaron la mayor parte de los ex obreros industriales. Sin embargo, ha protagonizado, sobre todo en el Interior, algunas movilizaciones muy interesantes, bajo la forma de "fuerzas vivas" o "plataformas cívicas".

28.- Si se observan las luchas sociales de los noventa, las posteriores al referéndum del voto verde, destacan sólo dos tipos de luchas: la del movimiento estudiantil-juvenil montevideano y las de la alianza social que se expresó sobre todo en Paysandú. Fueron las dos únicas movilizaciones importantes, en el sentido de una mínima incidencia cuantitativa y una dosis de renovación en formas y métodos de lucha y organización. Son, en una palabra, lo poco nuevo que apareció en los noventa.
Ambas fueron acosadas por el sistema institucional de partidos que buscó someterlas bajo su control. En gran medida lo consiguió, sobre todo en el caso de los estudiantes.

29.- En una visión general, puede decirse que el movimiento obrero aún no ha encontrado un camino propio que le permita comenzar a superar la situación de desorientación y dispersión actual. Sin embargo, pueden identificarse algunos de los principales obstáculos que están impidiendo su resurgimiento. Veamos:

a) El movimiento obrero y popular uruguayo no ha producido referentes históricos e imaginarios colectivos de lucha que puedan ser recogidos en un período como el actual, de retirada del Estado. Piénsese en los referentes creados a lo largo del siglo por la clase obrera argentina (Semana Roja, Semana Trágica, Patagonia, 1936, 1945, 1955, cordobazos, rosariazo...), o la chilena o la brasileña, para concluir que nuestra clase obrera no produjo ningún hecho sustancial (a excepción de 1919 y algunas iniciativas muy parciales en los 60) fuera del marco de protección del Estado.
Con esto quiero decir que no hay demasiadas tradiciones para revivir, sino caminos nuevos para recorrer, para inventar. Pero nuestra clase no tiene conciencia de ello; los militantes políticos intentan todo el tiempo decirle de lo maravillosas que han sido sus luchas y de esa forma la desarman aún más en épocas en las que no van a volver a repetirse las condiciones que hicieron posible el segundo movimiento obrero (dominado por la protección estatal), ni siquiera el primero (dominado por la protección de la ideología batllista).
b) La unidad orgánica pesa como una loza. Ello hace que las luchas más renovadoras deban darse por fuera del marco institucional de los sindicatos. Y que estos sean una verdera traba para su desarrollo autónomo, ya que todo lo nuevo que surge intentan reconducirlo por los carriles estatalistas. Y los nuevos actores buscan a su vez el amparo de los sindicatos, creyendo que si son sindicatos "combativos" la cosa cambia.
c) El imaginario colectivo popular sigue dominado por la idea del papel central del Estado. Resulta difícil imaginarse el cambio social sin otorgarle un papel decisivo al Estado. Pero también resulta difícil encarar acciones o movimientos sin tenerlo como referente, directa o indirectamente, a través de los partidos de izquierda.
Quizá esta sea la tarea de las nuevas generaciones, las que comenzaron la vida social luego de la dictadura, cuando el Estado comenzó su retirada, y luego del fracaso de la izquierda política. Ambos hechos son la base de una política autónoma. Porque la confianza en la izquierda es un elemento negativo, que paraliza o neutraliza.
d) La dideología estatista se cuela de diversas formas, a menudo inconscientes. Una de ellas son los programas. Nuestro movimiento social idolatra lo programático, a lo que apuesta demasiado. Más importantes que los programas son las identidades, las culturas alternativas o diferenciadas, cosa de la que nuestro movimiento carece o no le interesa.
Otra forma de estatismo es la organización jerarquizada. Pero hay otras más sutiles: apelar al personal político especializado (diputados, ediles) o a asesores (abogados, economistas) que son visualizados como los portadores del proyecto popular o, como mínimo, los mediadores con las instancias realmente decisivas.

30.- La forma sindicato es un problema adicional, y no el menor. ¿Qué es un sindicato? Es una organización para defender intereses sectoriales o corporativos en la relación trabajador-patrón o trabajador-Estado. En ambos casos, lo que le dá sentido al sindicato es la existencia del OTRO; el sindicato se define por oposición al patrón. Su referente es externo, no interno. Es la gran diferencia con las sociedades de socorros mutuos, las cooperativas y todas las organizaciones de tipo comunitario, propias del primer movimiento obrero, que eran autorreferenciales. Y por lo tanto, podían apostar a la autonomía. Cuando la referencia es externa, no hay camino autonómico ni emancipatorio porque se queda enganchado de ese otro y se construye una relación de dependencia.
Lo que necesitamos es superar la instancia sindicato, ir a otra cosa. No negarlo ni destruirlo, superarlo, aunque a veces el nombre o la apariencia sindicato pueda mantenerse. Me refiero a la necesidad de organizaciones territoriales. Porque los sindicatos de masas han perdido su carácter de espacios reales y han subsistido apenas como oficinas de trámites: impersonales, sin identidad, sin vínculos con el entorno; son no-lugares, en el sentido de esapcios con identidad.
Lo que necesitamos son espacios territoriales en los cuales se pueda empezar a invertir la sociedad dominante. Esos espacios no pueden ser los actuales sindicatos, salvo que se abran al barrio y tengan en él su punto de referencia central. La clase obrera no necesariamente se forma en la acción sindical y económica, es múltiple y diversa. Una radio libre de un barrio popular es una instancia obrera, tanto como pudo serlo un sindicato antes de la dictadura. Creer que obreros sólo los hay en los sindicatos, es reducir y estrechar los horizontes; y parcializarlos, porque los obreros sindicalizados abordan apenas una pequeña parte de lo que son sus intereses como seres humanos, los corporativo-económicos. La clase obrera, cuando consigamos reconstruirla como clase, se ineteresará por una multiplicaidad de cuestiones: de género, etáreas, culturales, ambientales, de conocimiento y comunicación, educativas, de salud, formas de vida y ocio, etc. Son todos temas de la clase obrera, porque son todos temas que hacen a la emancipación y alientan la autonomía. Nunca más debería haber jerarquías temáticas que marquen prioridades y, por lo tanto, exclusiones. Se trata de conjugar un arcoiris conformado por actores, demandas, historias, identidades....

31.- Finalmente, la uruguaya sigue siendo en gran medida una sociedad amortiguadora, deseosa de encontrar mediaciones y articuladores extraños a los movimientos. Y sigue siendo una sociedad muy marcada por la cultura de las clases medias, una sociedad que no tuvo oligarquía (clase dominante en lo económico y dirigente en lo político) y que tuvo a su frente a un personal político muy estable, uno de los más estable del mundo, capaz de zurcir con palabras y promesas la falta de proyecto de país, de visión de sociedad, etc. A derecha e izquierda. Y una sociedad civil deseosa de consumir y hacer suyas esas palabras.
Costará mucho remover estas desventajas que arrastra el movimiento popular. Sobre todo si lo medimos en relación a otros movimientos de otros países del continente. El rezago uruguayo quedó claramente al descubierto ahora que no tenemos Estado benefactor. Antes todo parecía aquí más avanzado, pero ahora ha quedado desnuda nuestra orfandad.
De todo lo anterior, se deduce que la tarea es doble. Impone que todo lo que se haga tenga en cuenta no repetir la subordinación al Estado y a los partidos. De todo lo anterior se deriva que la lucha por la autonomía es el eje de cualquier movimiento que aspire a cambiar las cosas de verdad y no a reproducirlas. En el fondo, se trata de adoptar un punto de vista diferente, una mirada distinta, que supone medir las cosas no por sus resultados sino por su proceso, no por la espectacularidad de la acción sino por la profundidad de la misma, no por su acción hacia afuera sino por su construcción interna. La clave es el camino.

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