Con José Bové
La agricultura
no es una industria extractiva

por Carlos Amorín


Siguiendo este enlace encontrará más información sobre el libro: LA REBELION DE UN CAMPESINO - La historia de José Bové, Editado por Nordan-Comunidad, febrero 2001

La cosa es clara, dice este icono campesino que se expresa torrencialmente: los cuestionamientos al actual ordenamiento político y económico de la agricultura, necesariamente deben contener una crítica vigorosa al modelo productivo implantado por la Revolución Verde en todo el mundo.

El carismático sindicalista campesino francés José Bové fue, junto a Eduardo Galeano, el personaje más disputado por la prensa que cubría el Foro Social Mundial. Era imposible obtener una entrevista por los caminos habituales, lo que implicaba ponerse en una cola de centenares de ansiosos periodistas. Pero a veces la taba cae del buen lado, y sin premeditación ni alevosía, en un disimulado corredor lateral del principal auditorio, BRECHA pudo hacerle esta breve pero jugosa entrevista exclusiva. ¿Qué hacía Bové allí? Había salido a fumar un poco su pipa.

Varias de las conferencias centrales del Foro, y numerosos talleres, tuvieron por tema principal o secundario la reforma agraria y la problemática agrícola en general. En casi todos ellos se enfocaron con detalle modelos de propiedad de la tierra, métodos de lucha, relaciones injustas entre precios y costos, etcétera, pero pocas veces se pudo escuchar un cuestionamiento decidido y profundo al modelo productivo basado en la utilización de agrotóxicos, de semillas híbridas estandarizadas, de fertilizantes químicos. El tema es importante porque define a aquellos que, además de haber hecho un análisis crítico de las tensiones económicas generadas a partir de la utilización de la tierra, apuntan a desarrollar un nuevo modelo productivo sin químicos, lo que implica un uso sustentable del suelo y una producción sana. Muchas organizaciones campesinas del mundo han avanzado mucho en el cuestionamiento a la actual distribución desigual de la tierra, pero pocas proponen por ahora un nuevo modelo productivo.

-En este Foro se está hablado mucho de mecanismos injustos de fijación de precios, de condiciones desiguales de acceso a la propiedad de la tierra, de subvenciones, pero no se habla mucho del modelo productivo. ¿Por qué?

-Hemos intentado hablar de eso de una forma distinta a los debates, y por eso organizamos con el Movimiento de los Sin Tierra una ocupación de una chacra de Monsanto. La idea no es solamente decir que protestamos contra la utilización de transgénicos y la implantación de Monsanto en Brasil, sino que nuestra propuesta consistió en efectuar esta acción, y la segunda será la expulsión de Monsanto de ese lugar con el objetivo es transformar esa chacra en un centro experimental para Brasil, pero también para el conjunto de América del Sur, con vocación de ser un centro piloto de desarrollo de la agricultura campesina, de la agricultura orgánica. Decimos que no es posible desarrollar simplemente una crítica para lograr un reparto de tierras si no se cuestiona al mismo tiempo la noción de productivismo y el modo de producción. Actualmente es la lógica del mercado y la tecnología lo que determina que tengamos el actual modelo de producción, o sea que existe una adecuación completa entre modo de producción y lógica de mercado, por lo que es imposible rechazar uno sin hacer lo mismo con el otro. El productivismo es la herramienta esencial para esa lógica de mercado que implica grandes explotaciones, el desarrollo de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), el mantenimiento de un sistema productivista hiper mecanizado que prioriza el capital ante la fuerza de trabajo. Se trata de un sistema completamente coherente. Por lo tanto, si se opta por una política internacional con base en el mercado antes que una agricultura que sirva para alimentar a los pueblos locales, entonces se estará eligiendo una opción tecnológica y dejando de lado la otra. Pero pensemos en que el 60 por ciento de la población del mundo vive en el medio rural y está vinculada a la agricultura, en que hay 27 millones de campesinos en el mundo que trabajan con un tractor, 250 millones que trabajan con tracción a sangre y más de 1.000 millones que trabajan a mano. Quiere decir que el debate sobre el modo de producción que llevamos adelante actualmente está vinculado con las políticas agrícolas, con el tamaño de los establecimientos y del mantenimiento de la repartición de los campesinos en todo el mundo. O sea que todos los debates están vinculados, pero fundamentalmente estamos obligados a criticar el productivismo, eso es esencial. La originalidad de Vía Campesina, y de la Confederación Campesina en Francia, es que somos las primeras organizaciones sindicales en el mundo que plantearon reivindicaciones no solamente en términos de finalidad sino también como interrogación sobre la forma de trabajo. Es necesario interrogar nuestra relación con el trabajo y con la tecnología.

-Entonces, según usted, de nada vale una agricultura campesina o familiar si se continúa usando productos químicos.

-La lógica de los productos químicos es el productivismo porque él es incompatible con los pequeños establecimientos.

-En nuestros países no es tan contradictorio.

-Tal vez a corto plazo, pero incluso en Uruguay se está produciendo la concentración de la propiedad de la tierra.

-Sí, los pequeños y medianos productores están desapareciendo.

-Porque a veces los pequeños pueden ser ingenuos y pensar que con los agrotóxicos y todo eso su producción puede funcionar, pero la lógica del modo de producción lleva obligatoriamente a que se busque el trabajo “en escala”, o sea, en superficies cada vez mayores, lo que implica sin duda un proceso de industrialización.
La siguiente pregunta se vincula con un planteo de Bové, según el cual en un sistema mundial más justo cada país debería tener una agricltura enfocada, en primer término, a alimentar a todos sus habitantes, y recién después decidir si puede y quiere exportar excedentes. Cada país debe tener derecho a decidir cómo se alimenta, y también qué alimentos desea importar. Es lo que se designa como “soberanía alimentaria”.

-Para países como los de esta región, que obtienen la mayor parte de sus divisas de la exportación de productos agropecuarios, decir que cada país se autoabastecerá de esos productos puede sonar como una condena a muerte.

-El problema es que ustedes están en la situación de productores de minerales cuya materia prima no está en el subsuelo sino que son productos agrícolas. Creo que en esto hay dos elementos. El primero es la ilusión de creer que la riqueza necesaria para lanzarse al desarrollo se puede lograr a partir de la exportación de materias primas, cuyos precios sabemos que están organizados a nivel del mercado mundial, donde no se corresponden en absoluto con los costos de producción. Sabemos ya que esa forma de agricultura para exportación de materia prima, sean cereales proteínicos o carne, es un modelo de producción que sólo será posible si se elimina a los campesinos y sabemos también que el mercado tendrá precios cada vez más bajos, y cuando más se tendrá necesidad de exportar más bajos serán los precios porque quien controla el mercado mundial no son los países dependientes de la exportación agropecuaria. Por lo tanto, estamos ante un modelo aberrante. La opción actual en términos de producción para países como Uruguay, Argentina o Brasil, debería ser en mi opinión la organización de un mercado común regional interno con el objetivo fundamental de alimentar las poblaciones de los propios países, porque al mismo tiempo que se plantea el problema de la exportación también aparece el de salir del productivismo y por tanto de llegar a eliminar a mediano plazo las exportaciones de soja que no tienen ningún sentido, como no sea producir cerdos o aves fuera del suelo que, a su vez, son revendidos en el mercado internacional y, por tanto, en estos mismos países u otros países del sur. Estamos entonces en un sistema de empobrecimiento generalizado a partir de la lógica de exportación de materia prima, pero reitero que este esquema es ilusorio; de mantenerse, los pequeños y medianos productores desaparecerán completamente, los mercados continuarán bajando los precios y seguirá consolidándose el proceso de concentración de la propiedad de la tierra con el objetivo de agrandar la superficie explotada. Para eso se producirá la llegada de grandes grupos inversores extranjeros; tengo entendido, por ejemplo, que una de las principales empresas productoras de leche de Nueva Zelanda acaba de invertir fuerte en Uruguay. La política basada en la dependencia de la exportación de materias primas no tiene sentido, es de muy corto plazo y coloca al país en una situación de dependencia y de crecimiento de la pobreza. En Brasil, por ejemplo, actualmente hay 60 millones de personas que no se pueden nutrir adecuadamente, por lo tanto se deben reorientar las políticas de Estado para crear las condiciones de un desarrollo que permita crear riqueza, lo que en principio pasa por sacar a la gente de la pobreza, después será posible acceder a otros bienes de consumo. Entonces se podrá pasar a una agricultura de transformación, de productos terminados con valor agregado y así se entrará en un proceso económico que permitirá crear riqueza y, por tanto, el ingreso de divisas.

Publicado en el semanario Brecha, Montevideo, 2 de febrero de 2001, p.10.

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