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La cosa es clara,
dice este icono campesino que se expresa torrencialmente: los cuestionamientos
al actual ordenamiento político y económico de la
agricultura, necesariamente deben contener una crítica vigorosa
al modelo productivo implantado por la Revolución Verde en
todo el mundo.
El carismático
sindicalista campesino francés José Bové fue,
junto a Eduardo Galeano, el personaje más disputado por la
prensa que cubría el Foro Social Mundial. Era imposible obtener
una entrevista por los caminos habituales, lo que implicaba ponerse
en una cola de centenares de ansiosos periodistas. Pero a veces
la taba cae del buen lado, y sin premeditación ni alevosía,
en un disimulado corredor lateral del principal auditorio, BRECHA
pudo hacerle esta breve pero jugosa entrevista exclusiva. ¿Qué
hacía Bové allí? Había salido a fumar
un poco su pipa.
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Varias de las conferencias
centrales del Foro, y numerosos talleres, tuvieron por tema principal
o secundario la reforma agraria y la problemática agrícola
en general. En casi todos ellos se enfocaron con detalle modelos de propiedad
de la tierra, métodos de lucha, relaciones injustas entre precios
y costos, etcétera, pero pocas veces se pudo escuchar un cuestionamiento
decidido y profundo al modelo productivo basado en la utilización
de agrotóxicos, de semillas híbridas estandarizadas, de
fertilizantes químicos. El tema es importante porque define a aquellos
que, además de haber hecho un análisis crítico de
las tensiones económicas generadas a partir de la utilización
de la tierra, apuntan a desarrollar un nuevo modelo productivo sin químicos,
lo que implica un uso sustentable del suelo y una producción sana.
Muchas organizaciones campesinas del mundo han avanzado mucho en el cuestionamiento
a la actual distribución desigual de la tierra, pero pocas proponen
por ahora un nuevo modelo productivo.
-En este Foro
se está hablado mucho de mecanismos injustos de fijación
de precios, de condiciones desiguales de acceso a la propiedad de la tierra,
de subvenciones, pero no se habla mucho del modelo productivo. ¿Por
qué?
-Hemos intentado
hablar de eso de una forma distinta a los debates, y por eso organizamos
con el Movimiento de los Sin Tierra una ocupación de una chacra
de Monsanto. La idea no es solamente decir que protestamos contra la utilización
de transgénicos y la implantación de Monsanto en Brasil,
sino que nuestra propuesta consistió en efectuar esta acción,
y la segunda será la expulsión de Monsanto de ese lugar
con el objetivo es transformar esa chacra en un centro experimental para
Brasil, pero también para el conjunto de América del Sur,
con vocación de ser un centro piloto de desarrollo de la agricultura
campesina, de la agricultura orgánica. Decimos que no es posible
desarrollar simplemente una crítica para lograr un reparto de tierras
si no se cuestiona al mismo tiempo la noción de productivismo y
el modo de producción. Actualmente es la lógica del mercado
y la tecnología lo que determina que tengamos el actual modelo
de producción, o sea que existe una adecuación completa
entre modo de producción y lógica de mercado, por lo que
es imposible rechazar uno sin hacer lo mismo con el otro. El productivismo
es la herramienta esencial para esa lógica de mercado que implica
grandes explotaciones, el desarrollo de los Organismos Genéticamente
Modificados (OGM), el mantenimiento de un sistema productivista hiper
mecanizado que prioriza el capital ante la fuerza de trabajo. Se trata
de un sistema completamente coherente. Por lo tanto, si se opta por una
política internacional con base en el mercado antes que una agricultura
que sirva para alimentar a los pueblos locales, entonces se estará
eligiendo una opción tecnológica y dejando de lado la otra.
Pero pensemos en que el 60 por ciento de la población del mundo
vive en el medio rural y está vinculada a la agricultura, en que
hay 27 millones de campesinos en el mundo que trabajan con un tractor,
250 millones que trabajan con tracción a sangre y más de
1.000 millones que trabajan a mano. Quiere decir que el debate sobre el
modo de producción que llevamos adelante actualmente está
vinculado con las políticas agrícolas, con el tamaño
de los establecimientos y del mantenimiento de la repartición de
los campesinos en todo el mundo. O sea que todos los debates están
vinculados, pero fundamentalmente estamos obligados a criticar el productivismo,
eso es esencial. La originalidad de Vía Campesina, y de la Confederación
Campesina en Francia, es que somos las primeras organizaciones sindicales
en el mundo que plantearon reivindicaciones no solamente en términos
de finalidad sino también como interrogación sobre la forma
de trabajo. Es necesario interrogar nuestra relación con el trabajo
y con la tecnología.
-Entonces, según
usted, de nada vale una agricultura campesina o familiar si se continúa
usando productos químicos.
-La lógica
de los productos químicos es el productivismo porque él
es incompatible con los pequeños establecimientos.
-En nuestros países
no es tan contradictorio.
-Tal vez a corto
plazo, pero incluso en Uruguay se está produciendo la concentración
de la propiedad de la tierra.
-Sí, los
pequeños y medianos productores están desapareciendo.
-Porque a veces los
pequeños pueden ser ingenuos y pensar que con los agrotóxicos
y todo eso su producción puede funcionar, pero la lógica
del modo de producción lleva obligatoriamente a que se busque el
trabajo en escala, o sea, en superficies cada vez mayores,
lo que implica sin duda un proceso de industrialización.
La siguiente pregunta se vincula con un planteo de Bové, según
el cual en un sistema mundial más justo cada país debería
tener una agricltura enfocada, en primer término, a alimentar a
todos sus habitantes, y recién después decidir si puede
y quiere exportar excedentes. Cada país debe tener derecho a decidir
cómo se alimenta, y también qué alimentos desea importar.
Es lo que se designa como soberanía alimentaria.
-Para países
como los de esta región, que obtienen la mayor parte de sus divisas
de la exportación de productos agropecuarios, decir que cada país
se autoabastecerá de esos productos puede sonar como una condena
a muerte.
-El problema
es que ustedes están en la situación de productores de minerales
cuya materia prima no está en el subsuelo sino que son productos
agrícolas. Creo que en esto hay dos elementos. El primero es la
ilusión de creer que la riqueza necesaria para lanzarse al desarrollo
se puede lograr a partir de la exportación de materias primas,
cuyos precios sabemos que están organizados a nivel del mercado
mundial, donde no se corresponden en absoluto con los costos de producción.
Sabemos ya que esa forma de agricultura para exportación de materia
prima, sean cereales proteínicos o carne, es un modelo de producción
que sólo será posible si se elimina a los campesinos y sabemos
también que el mercado tendrá precios cada vez más
bajos, y cuando más se tendrá necesidad de exportar más
bajos serán los precios porque quien controla el mercado mundial
no son los países dependientes de la exportación agropecuaria.
Por lo tanto, estamos ante un modelo aberrante. La opción actual
en términos de producción para países como Uruguay,
Argentina o Brasil, debería ser en mi opinión la organización
de un mercado común regional interno con el objetivo fundamental
de alimentar las poblaciones de los propios países, porque al mismo
tiempo que se plantea el problema de la exportación también
aparece el de salir del productivismo y por tanto de llegar a eliminar
a mediano plazo las exportaciones de soja que no tienen ningún
sentido, como no sea producir cerdos o aves fuera del suelo que, a su
vez, son revendidos en el mercado internacional y, por tanto, en estos
mismos países u otros países del sur. Estamos entonces en
un sistema de empobrecimiento generalizado a partir de la lógica
de exportación de materia prima, pero reitero que este esquema
es ilusorio; de mantenerse, los pequeños y medianos productores
desaparecerán completamente, los mercados continuarán bajando
los precios y seguirá consolidándose el proceso de concentración
de la propiedad de la tierra con el objetivo de agrandar la superficie
explotada. Para eso se producirá la llegada de grandes grupos inversores
extranjeros; tengo entendido, por ejemplo, que una de las principales
empresas productoras de leche de Nueva Zelanda acaba de invertir fuerte
en Uruguay. La política basada en la dependencia de la exportación
de materias primas no tiene sentido, es de muy corto plazo y coloca al
país en una situación de dependencia y de crecimiento de
la pobreza. En Brasil, por ejemplo, actualmente hay 60 millones de personas
que no se pueden nutrir adecuadamente, por lo tanto se deben reorientar
las políticas de Estado para crear las condiciones de un desarrollo
que permita crear riqueza, lo que en principio pasa por sacar a la gente
de la pobreza, después será posible acceder a otros bienes
de consumo. Entonces se podrá pasar a una agricultura de transformación,
de productos terminados con valor agregado y así se entrará
en un proceso económico que permitirá crear riqueza y, por
tanto, el ingreso de divisas.
Publicado en el semanario Brecha, Montevideo, 2 de febrero de 2001, p.10.
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